La Saeta de Serrat y Machado

Cuentan que en el entierro del lider anarquista Buenaventura Durruti sonó «Amarguras», la mítica marcha de Manuel Font de Anta sin cuyos sones no podría concebirse la Semana Santa sevillana y andaluza. Así lo expresaba el poeta arcense Antonio Hernández en el proemio de un libro de poemas de su colega Manuel Mantero:
Cuando suena la marcha de la Amargura en la noche de la Semana Santa de Andalucía todos recuperamos el asombro escondido de nuestra niñez. 
Durruti fue enterrado en Barcelona en olor de multitud. Corría el fatídico año 1936 sobre la misma Barcelona que vería nacer unos años más tarde a Joan Manuel Serrat. El cantautor catalán graba en 1969 su legendario álbum dedicado a Antonio Machado, el poeta sevillano que murió camino del exilio. Todavía hoy asombra la audacia de Serrat que logró situar al poeta de los proverbios y los cantares en las listas de éxitos, algo impensable en nuestros días.
Entre las canciones machadianas de Serrat se encontraba «La saeta» que reproducía en su integridad el poema homónimo de Machado. «La Saeta» formaba parte de Campos de Castilla -libro clave del poeta- y precedía en el orden del libro al poema «Del pasado efímero» que Serrat incluyó también en su disco.

«La saeta» devino involuntaria marcha procesional, sin atenderse al discurso crítico de Machado y con la música de Serrat alcanzando un status independiente como parte de la banda sonora de la Semana Santa andaluza al lado de aquella imponente «Amarguras» que despidió a Durruti, tan ácrata como aquel Joan Salvat Papasseit que terminaría siendo otro de los poetas cantados por Serrat.La primera adaptación como marcha procesional de «La saeta» de Serrat la realizó la agrupación musical Santísimo Cristo de la Buena Muerte de Ayamonte. Habían pasado catorce años de la grabación original de Serrat con arreglo de Ricardo Miralles. La Banda de Música María Santísima de las Angustias grabaría en 1986 la primera versión para la Semana Santa de Sevilla para acompañar en la madrugada del Viernes Santo al Cristo de los Gitanos. A partir de ese momento «La Saeta» alcanzará gran popularidad como marcha procesional.

Al volver al poema de Machado percibimos lo alejado que el poeta se sentía de la fe de sus mayores y del propio pensamiento de su hermano Manuel. «La saeta» se publicó originalmente en 1914 en  las páginas de Mundial Magazine como parte de un conjunto titulado Semana Santa en Sevilla. El poeta se sentía lejos de la ciudad, a la que no dejará de añorar pero a cuya idiosincracia destinará algún que otro dardo envenenado. Qué maravilla Sevilla sin sevillanos -llegará a expresar- como apartándose de la ciudad que le vio nacer pero a la que dedicaría sus últimos versos (estos días azules y este sol de la infancia) que resumen toda la sustancia lírica de un poeta cuyo sentimiento sevillano sólo puede negarlo alguien como Antonio Burgos que no suele dar puntada sin hilo. Para confirmarlo léase su artículo La saeta de Machado en las páginas de ABC.
«La saeta» que ya es tanto de Serrat como de Machado se erigió desde su primer registro sonoro en pieza antológica del cantautor catalán con su característico crescendo y su expresiva atmósfera. No hay banda de cornetas y tambores que no la haya interpretado como parte indeleble de los sonidos de la Semana Santa. Suena «La saeta» y nos acordamos de Serrat culminando con ella muchos de sus conciertos, abrazando una y otra vez al Cristo milagroso que caminaba sobre las aguas y no al sangrante Cristo del madero, apoteosis barroca de la Semana Santa andaluza cuya estética y sentimiento conforma el poema y el propio desarrollo armónico de la canción.
Antonio Machado subrayaba en su poema el distanciamiento que sentía hacia la Semana Santa de Sevilla cuyos signos externos no lograba comprender. Con ello también rechazaba el culto a lo barroco de la ciudad que terminaba conformando la propia esencia de la Semana Santa. Todo este entramado de cosas alejó al poeta de una celebración de la que no se sentía parte como revela el hecho de que no supiera que el Cristo de los Gitanos de Sevilla -al que alude en el poema- representaba un Nazareno con la cruz a cuestas y no la imagen de un Crucificado.
Por «La saeta» de Machado y Serrat han transitado artistas de toda índole y condición. Todos quedan lejos del canónico registro original de Serrat que volvió a grabar la canción en su directo de mediados de los años ochenta y ha vuelto hacerlo en su Antología desordenada compartiéndola con Carmen Linares. El cantante argentino Jairo hizo su épica recreación del tema con resultados bastante discutibles. También Raimundo Fagner la cantó con el propio Serrat en una curiosa versión extendida. Hasta el portentoso Camarón de la Isla -que también se cruzó con el artista brasileño- realizó una discreta versión de «La saeta» llevándola al territorio flamenco que la había inspirado.

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