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Vuela esta canción para ti, Lucia

 A Lucia Bosé la recuerdo, muy especialmente, en una película titulada Del amor y otras soledades que dirigió el gran Basilio Martín Patino. Agonizaban los años sesenta, golpeaba el franquismo postrimero, y Lucia Bosé encarnaba a una mujer burguesa, neurótica, llena de insatisfacciones. Lucia Bosé lucía bellísima en aquella cinta, la segunda de Martín Patino, tras la extraordinaria Nueve cartas a Berta. Suele despacharse Del amor y otras soledades con cierta ligereza, como película frustrada, magullada por la censura imperante. Pero en ella hay una poderosa disección a un matrimonio burgués cuya convivencia resulta imposible. Hemos de entender el contexto para valorar en su justa medida la mirada de Martín Patino y el deambular vital, emocional, del personaje de Lucía Bosé mientras suenan canciones de Quico Pi de la Serra o aparece en vivo y en directo el cantaor José Menese, referencias indudables de la resistencia musical antifranquista.

Me acordé de Lucia Bosé en Del amor y otras soledades al enterarme de su muerte. La volví a buscar en esa película tumultuosa que partía de una idea de Juan Miguel Lamet. Ese plano final del deshecho matrimonio, durmiendo cada uno en su lado de la cama, resulta tan elocuente como devastador.

Lucia Bosé no fue, como creyó Luis Antonio de Villena en su libro Mitomanías, la inspiradora de aquella Lucía de Joan Manuel Serrat. Pero cobijó toda una época del cine y de la vida, contada además en un libro de Begoña Aranguren al que resulta oportuno regresar en estos días de confinamiento. Me refiero a Lucia Bosé, diva, divina que editó Planeta en 2003.

Camilo Sesto relató en sus memorias su relación apasionada con Lucia Bosé, aquellos encuentros de poesía compartida, de mutua fascinación. Para Camilo Lucia era Tusa. La recordaba, por ejemplo, paseando por Londres con unas alzas enormes que parecían zancos, haciendo equilibrios por King’s Road. Lucia escribió para Camilo “Amor, amar” y luego otra canción titulada “Mi verdad”. Canciones que son fruto de aquellos años compartidos.

Lucia naciendo en una Milán cubierta de nieve, Miss Italia 1947, revelándose actriz en la década de los años cincuenta. Lucia filmada por Antonioni o por Fellini o por Cocteau, cruzándose con Bardem en Muerte de un ciclista o con Buñuel en Así es la aurora. Lucia enamorada del torero Luis Miguel Dominguín cuyo matrimonio terminaría haciendo aguas. Lucia con Jeanne Moreau en Nathalie Granger dirigida por Marguerite Duras. Lucia en el estudio de Tapies, rodando con Pere Portabella, departiendo con Joan Brossa, escribiendo un poema en italiano traducido por Terenci Moix. Todas las Lucias posibles, recibiendo artistas en su casa de Somosaguas, lugar de tertulia y reunión donde podía verse a Juan Pardo, a Massiel, a Julio Iglesias o a Serrat. Lucia por el Trastevere romano, Lucia por la Gran Vía, Lucia fotografiada o filmada, actriz con aura, diva, divina

Juan Marsé escribió que había en sus ojos bellos una dulzura de ceniza no apagada, un trasfondo cálido y amable, y en sus cabellos lacios, enmarcando la estatuaria frente, una romántica y secreta vocación de imagen yacente, dimisionaria de ciertos placeres y vanidades, ensimismada, abrazada a su propio sueño. Yo la recuerdo, entre vidrieras artísticas y lujos burgueses, profundamente desvalida, en Del amor y otras soledades, película de cameos memorables como el de Marisol y Carlos Goyanes en un restaurante madrileño.

Descanse en paz la diva y vuele esta canción en forma de prosa para ella.

(Las fotos que acompañan estas líneas proceden de un reportaje en la revista Triunfo cuando Lucia Bosé rodaba, precisamente, Del amor y otras soledades)

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