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SERRAT, CANCIÓN A CANCIÓN EDICIÓN ARGENTINA


  

Serrat, canción a canción ve la luz en Argentina en edición ampliada y actualizada en diciembre de 2006. Se trata de un nuevo éxito para un libro que obtuvo un gran reconocimiento de público y crítica en su edición española aparecida en diciembre de 2004. La edición argentina - que también se distribuirá por Uruguay y Chile- presenta ampliado el capítulo introductorio La poesía, la canción y actualiza todo lo referente a la obra de Joan Manuel Serrat hasta el año 2006, fecha de la publicación de su último álbum de estudio titulado . Tanto el apéndice como las restantes partes del libro aparecen revisados y actualizados por Luis García Gil. La edición argentina presenta además como novedad la inclusión de un texto de Roberto Fontanarrosa, escrito especialmente para esta nueva puesta de largo de Serrat, canción a canción. Este texto se une al prólogo de José Ramón Pardo que ya figuraba en la edición española.


TEXTO DE ALPHA TEXT, EDITORIAL ENCARGADA DEL LANZAMIENTO DE SERRAT, CANCIÓN A CANCIÓN EN ARGENTINA

¿Qué mujeres inspiraron canciones como “Lucía”, “Como un gorrión” o “Tu nombre me sabe a hierba”?  ¿Qué autor argentino creó la base de “Esos locos bajitos”? ¿Cuántas versiones y modificaciones tuvo, hasta nacer como la conocemos, “Mediterráneo”? ¿ En qué curiosas circunstancias fue compuesta la música de “La Saeta”, de Antonio Machado? ¿ Alguien imaginó que Serrat incluyó en una de sus canciones su número de teléfono personal, como despecho ante un amor perdido?

En 496 páginas, el poeta gaditano Luis García Gil propone un viaje por  más de 400 canciones a través de un autor versionado en distintos países del mundo. Un recorrido único que une a personajes tan distintos como Aníbal Troilo, Milan Kundera, Atahualpa Yupanqui, Jacques Brel o Georges Brassens. Y las pistas acerca de un trabajo nunca antes editado sobre Ramón del Valle Inclán.

“Serrat canción a canción” recorre los cuentos inéditos de Serrat, su excepcional obra radiofónica: “La Radio con Botas”, y ahonda en su faceta de narrador de cuentos infantiles. Del libro se desprende su modo de trabajar a solas y su manera de organizar a sus colaboradores –entre anécdotas de férrea disciplina y sucesos desopilantes-.  También la accidentada creación “telefónica” del álbum con Mario Benedetti y los testimonios de Alberto Cortez sobre la creación de Miguel Hernández.

La política, el bilingüismo, América, las claves ocultas de una historia familiar y afectiva reflejada en una obra formidable.

Luis García Gil muestra con una prosa entretenida y amigable las caras menos conocidas de Serrat y su obra.

Dijo Joan Manuel Serrat: “A Luis toda mi gratitud a todo el tiempo y el cariño empleado en desmenuzar estas canciones que sin duda son también suyas". "Labor de hormiguita sensible, de acarreo de materiales, de sacar de pequeños detalles grandes conclusiones sobre la dimensión de Serrat como poeta y músico, ha culminado en una gran obra", Juan Pablo Yaniz (ABC). "Luis García Gil ha sido un devoto de Joan Manuel Serrat desde su más temprana infancia. Sus discos, sus entrevistas, los muchos libros que se han escrito sobre el Noi del Poble Sec, fueron amontonándose a lo largo de los años en los archivos del seguidor gaditano. No obstante, faltaba un Serrat por escribir: el que, más allá de los apuntes biográficos ha ido haciéndose una nota tras otra, estribillo tras estribillo. García Gil se puso manos a la obra y el resultado es un monumental estudio." Alejandro Luque (EL PAÍS). Me duermo en el diván, mientras pasan las páginas verso a verso. Cuando despierto, "Serrat, canción a canción", está abierto por la página ciento cuarenta y ocho sobre mi pecho. Y agradezco a Joan Manuel haber escrito y cantado la crónica de mi vida y de un país. Y a Luis García Gil, haber sido capaz de realizar esa metódica, inteligente y sensible incursión en la obra del artista para compilar todas las canciones del "Nano". Sin duda, el mejor libro de Serrat que no ha escrito Serrat." Tito Muñoz (Poeta).


* Reseña del libro aparecida en el diario argentino La Nación (24 de abril de 2007). La autora de dicha reseña es Adriana Franco.



* Parte del prólogo de Roberto Fontanarrosa de la edición argentina de Serrat, canción a canción.

Para ubicarme en el tiempo suelo tomar como referencia, entonces, los mundiales de fútbol. Mi primer viaje a Europa coincidió con el Mundial de Alemania, donde triunfó el equipo local. Por lo tanto fue en 1974. Cuando transitaba mi corto paso por la secundaria, se jugaba el Mundial de Suecia. Entonces, era 1958. La guerra de Malvinas tocó a su fin cuando yo estaba en España para el Mundial del ‘82. Y ése fue el año, es fácil recordarlo, en que conocí a Serrat.

Había sido una jornada amarga para los argentinos. Estábamos en una pizzería de compatriotas en Barcelona y, pocas horas antes, la Argentina había perdido 1 a 0 contra Bélgica en el partido inaugural, en el Camp Nou. Dentro de la desazón, alguien nos avisó al Crist y a mí, que el Flaco Menotti estaba con un grupo de amigos en el “348”. Y que entre ese grupo de amigos se encontraba Serrat. El Flaco me lo presentó. Fue apenas un saludo corto, un apretón de manos y unas palabras de circunstancia dentro del ambiente de desencanto que se vivía.

Al año siguiente, Joan vino a cantar a Rosario y volvimos a encontrarnos. En la Argentina, él tenía el mismo representante que Les Luthiers y yo había empezado a colaborar con el grupo. Fue el fútbol el que volvió a reunirnos. Nos juntamos en mi casa a ver un partido por televisión entre Independiente y Estudiantes por la Copa Libertadores.

Años después, Joan cantaba en el estadio de Newell's, algo inusual porque generalmente lo había hecho en el de Rosario Central, el Gigante de Arroyito. Yo me había acercado a los vestuarios —pese a que el lugar me resultaba (como diría Pérez Reverte) territorio comanche— para estar con Joan antes del recital. Aparecieron algunos jugadores de Ñuls y le regalaron a Joan una camiseta y una pelota firmada por todo el plantel. Por supuesto, se armó, con algunos de los músicos, un peloteo torpe y desmañado. En un momento Joan tomó la pelota y me dijo: “Qué lindo debe ser salir a la cancha, con el equipo de uno, a jugar un partido de Primera”. Lo dijo él que, minutos después, saldría a la cancha para recibir, solo, la ovación de unas 20 mil personas.

No puedo precisar en cuál de las pocas casas en donde viví fue que escuché, por radio y por primera vez, una canción de Serrat. De lo que sí estoy seguro es que yo estaba en mi mesa de dibujo. Es una Dupuy que tengo desde los 15 años y ha constituido siempre una suerte de casa chica dentro de la casa. Joan cantaba “Tu nombre me sabe a hierba”. Dejé de dibujar para escucharlo. No soy un melómano ni un especialista en música, pero aquello me sonaba muy diferente a todo lo español que había escuchado antes, a través de Lolita Torres, Sarita Montiel o Pedrito Rico. Incluso esa tarde le comenté a mi amigo histórico, Fernando: “Hoy escuché a un español que me pareció buenísimo”.

Hoy por hoy, cada vez que se anuncia que Joan viene a cantar a Rosario, desde meses antes, me convierto en una especie de representante de Dios sobre la Tierra. En un fenómeno de enamoramiento que atrapa por igual a hombres y mujeres, recibo innumerables llamadas de fanáticas y fanáticos solicitando mi intermediación para ver a Serrat, invitarlo a comer, entregarle cartas, poemas, peticiones, libros y promesas de amor.

Es raro estar con Joan en los camarines antes de un recital compartiendo una intimidad de bromas y ramplonerías propia de amigotes (Joan es, fundamentalmente, un amiguero) y poco tiempo después asistir a lo que significa su aparición ante el público desde las plateas de un teatro siempre, siempre, totalmente colmado. En esos casos prefiero darme vuelta y observar el auditorio, los pisos altos, en lugar de atender el escenario. Y me sigue conmoviendo el fervor, la entrega, la devoción y la locura lisa y llana que se aprecia en un público que lo ovaciona y lo saluda de pie.

¿A qué obedece esta sempiterna fidelidad de la gente hacia Serrat?, suelo preguntarme. Arriesgo unas pocas conclusiones bastante obvias. El fenómeno no se debe a que él sea un visitante consecuente desde hace muchos años. Los resfríos vuelven puntualmente todos los inviernos y no son bienvenidos. Pienso que se trata, por sobre todas las cosas, de un ejercicio de cariño. Sabemos, sin duda, que Joan está de nuestro lado, del lado de la gente, exceptuando, por supuesto, a aquellos que irrefutablemente no se lo merecen. Porque entre ellos y nosotros, se sabe, hay algo personal. Queremos a Serrat porque intuimos que Serrat nos quiere. Y porque, en persona, es absolutamente coherente con lo que escribe y canta. “¿Cómo es Serrat?”, suelen preguntarme. “Como lo pintan sus canciones”, contesto.


 

 

 Luis García Gil. 2005