en Serrat

Serrat antológico

sliderserrat

50 canciones con las que Joan Manuel Serrat celebra 50 años de carrera. La mayoría de esas canciones son parte de lo que somos y parte del mejor cancionero que se ha grabado en este país. Es cierto que para algunos Serrat camina desde hace años en la autocomplacencia con discos rutinarios que están lejos de sus grandes obras maestras. Este sambenito lo arrastra desde la grabación de Cada loco con su tema en 1983. El pasado legendario ahoga cualquier tentativa posterior del cantautor que de forma intermitente ha seguido construyendo una poética de lo cotidiano en discos como Material sensibleNadie es perfecto o Sombras de la china. Por no hablar del admirable revisionismo histórico de Banda sonora d’ un temps d’ un país o de los más recientes Mô, grabado en 2006 o Hijo de la luz y de la sombra, segunda aproximación a Miguel Hernández en 2009. Tanto  como Hijo de la luz y de la sombra suponían dos reveladoras muestras de un artista vivo que también tenía derecho a hacer caja con Sabina en dos giras multitudinarias. La unión con Sabina supuso también un esfuerzo creativo en forma de CD con canciones nuevas. La orquesta del Titanic quedó como una curiosidad en la discografía de ambos con escasos destellos de inspiración.

Y llegamos a este mosaico de celebración llamado Antología desordenada que debió llamarse Trencadis, título indudablemente más hermoso que se nos perdió por el camino. Al posar la mirada sobre esta nueva obra de Serrat uno ha de ser agradecido con todo el caudal de emociones y sensaciones que habitan en estas canciones míticas. Serrat se celebra a sí mismo con una voz en la que se nota la ferocidad del tiempo transcurrido pero en el que no mengua la emoción de ese fraseo tan reconocible. El Noi del Poble Sec  hace inventario y se rodea de un elenco de artistas heterogéneos y cómplices. He aquí canción a canción las voces y los ecos de esta Antología desordenada que podría haber sido más arriesgada. Echamos en falta canciones menos reconocidas pero igualmente importantes y también algunas rarezas, de esas que llaman la atención de quienes nos dedicamos a bucear en el Serrat más secreto. No le pedimos como a Dylan un arsenal de discos piratas pero podría haber habido un quinto CD que pudiera atender a esta petición y que incluyera, por ejemplo, «La montonera» y otros destellos sellados por el cantautor. Pero este es su disco y su celebración y nadie somos nosotros para exigirle nada a un cantautor que ha escrito buena parte de la mejor banda sonora de este país. He aquí desmenuzado el disco, canción a canción, en apretada síntesis, para no cansar al lector:

1. «Cançó de bressol»: La lógica apertura, la canción que mejor define al Serrat bilingüe, que hermanó aquí sus dos lenguas de expresión. He aquí los ecos del primer Serrat de sorprendente madurez. La nana aragonesa, los recuerdos de la señora Ángeles, los devastadores monstruos de la guerra civil en la que mataron a los hermanos de sangre, a los hermanos de lengua. Una obra maestra revisada con fuerza y emotividad.

2. «Las malas compañías». Canto a la amistad. Entran los míticos Les Luthiers.  en una versión novedosa, original. Viaje al Serrat que se reinventó con En tránsito, joya grabada en 1981.

3. «Te guste o no»: Mano a mano de Serrat y Pablo Milanés. Primer guiño a Nadie es perfecto, magnífico disco grabado en 1994 y que la desatenta crítica no sitúa en el lugar que merece en el conjunto de su obra. En  esta versión de  «Te guste o no» se respetan los arreglos originales de Josep Mas «Kitflus».

4. «Res no es mesquí»: El poema-canción que dio titulo a uno de sus grandes discos que dedicara en 1977 al poeta catalán Joan Salvat-Papasseit. Nada es mezquino que la canción canta en cada brizna de cosa. El cantautor catalán logra una versión conmovedora, otro de los hermosos instantes de esta Antología desordenada. Excelente arreglo de Miralles y Josep Mas «Kitflus».

5. «Señora»: La presencia de Dani Martín, ídolo pop del momento, tiene su lógica. Su madre escuchaba a Serrat quien devuelve gentileza al cantante compartiendo «Señora» en su directo Mi teatro.  «Si cuando se abre una flor/ al olor de la flor/ se le olvida la flor». Excelente juego de concomitancias para una canción que reflejaba la agudeza del Serrat amoroso, inspirado cantor de los usos amorosos de la España agonizante del franquismo. «Señora» conserva su vigencia, recobrando la rebeldía de aquel soñador de pelo largo y la sutileza expresiva del beso del infierno. Serrat en estado puro, tierno, irónico y luminoso.

6. «Bendita música»: Serrat elige aquí la versión de esta canción que registrara para Serrat Sinfónico. Otra hermosa muestra del Serrat de los años noventa, década  creativa compleja en la travesía artística del cantautor catalán pero con algunos destellos de indudable inspiración.

7. «Aquellas pequeñas cosas»: Otra joya, despojada de artificio, machadiana en lo concreto, acunada en lo más íntimo, madurada frente al mar de Calella. Grabada originalmente en el disco Mediterráneo del que casi todo se ha escrito.  Serrat rescata aquí el dueto grabado con la gran Mercedes Sosa para el disco Cantora I. Sosa ya se asomó previamente a la obra de Serrat. Recuérdese su versión de «Niño silvestre».

8. «Cançó de matinada»: La eterna compañera de camino, la sublimación del instante prodigioso, el fugitivo amanecer hecho canción, hecho ensueño bucólico y paisajístico. Serrat se permite alguna variación en los arreglos sin despersonalizar la pieza. «I ara jo canto de matinada/la vila és adormida encara..:» . Prodigiosa culminación en esta que fue la primera canción de Serrat que burló las fronteras idiomáticas y mostró las infinitas posibilidades expresivas hacia las que se abría su obra.

9. «Me gusta todo de ti»: La guajira resonando en un paisaje de sombras chinescas, de manos del sueño trayendo un sueño de la mano.  Una gran canción que no pertenece a la época gloriosa del cantautor, desdiciendo a quienes sólo constatan aciertos en aquellos años. «Me gusta todo de ti» -irónica, lúcida- es compartida aquí con Joaquín Sabina que convierte el gato de Chesire en gata de Chamberí.

10. «El meu carrer»: Miguel Poveda ya hizo suya esta canción en un homenaje discográfico al cantautor catalán que se tituló Per al meu amic: Serrat. Aquí la comparte con Serrat después de haber colaborado también en «Dale que dale», una de las pistas sonoras de Hijo de la luz y de la sombra. Poveda vistió también -al lado de Javier Ruibal- la presentación gaditana del libro Serrat, cantares y huellas. Son muchas las complicidades con Serrat y muchas las relaciones del cantautor con el riquísimo mundo flamenco. «El meu carrer» reitera esa capacidad de Serrat de sublimar lo cotidiano, de posar la mirada en la calle de su infancia, en ese fragmento del viejo barrio del Poble Sec donde se posan las nostalgias, las vivencias, los sentimientos, los primeros acordes vitales. La canción se grabó originalmente en 1970 en un elepé memorable que se llamó Serrat 4. Dos años antes Lone star firmaron «Mi calle» que con otros argumentos musicales compartía sensaciones con la canción de Serrat.

11. «Princesa»: Hay canciones de esta Antología desordenada que no era preciso volver a grabar. Una de ellas es «Princesa», grabada en 1998 en el disco Sombras de la China. La mirada de Serrat atiende desde siempre a lo cotidiano, al gesto y a la gesta humana, el suspirar errante de personajes para los que nadie ha escrito la historia. La colaboración de Carlos Núñez otorgaba mayor expresividad a una canción de largo aliento, de esas que reflejan la riqueza del Serrat fabulador, contador de historias. Estructura, nudo y desenlace.

12. «Romance de Curro el Palmo»: Copla inmortal de amor atribulado. Serrat la compuso con apenas 30 años. La canta aquí con Alejandro Sanz con quien ya la compartiera en alguna ocasión. Alejandro Sanz entiende a la perfección todo ese mundo que habita Curro el Palmo, toda esa atmósfera de raigambre andaluza, de noches en vela y tablaos flamencos envueltos en humo. Una enorme canción cuya relectura en esta Antología desordenada es sumamente valiosa. Sin traicionarse los registros precedentes se agradece que «Romance de Curro el Palmo» suene revitalizada en esta recreación.

13: «Fiesta»: El paseante lírico desmenuzando una verbena donde momentáneamente cada cual olvida su condición. La cuchilla del censor, la apoteosis de los conciertos, los hallazgos del disco blanco, aquel invierno de 1970, «se despertó el bien y el mal» que algún lector decimonónico podía haber hallado en una de las comedias humanas de Balzac.  Serrat comparte «Fiesta» en el disco con una serie de artistas argentinos bautizados como Resaca sudaca. A saber: Fito Páez, César Isella, Alejandro Dolina, Patricia Sosa, Adriana Varela, León Gieco, Ricardo Mollo, Celeste Carballo y Víctor Heredia.

14. «Mediterráneo»: El gran himno serratiano que lo ha cantado desde Gino Paoli hasta Plácido Domingo. Cuando moría 1971 el elepé Mediterráneo irrumpe como la gran obra de Serrat hasta la fecha. Hay canciones eternas e indispensables y después está «Mediterráneo» para la que no quedan adjetivos. En esta nueva versión comparece Lolita que ya la recreó en la película Rencor que ella mismo protagonizara. Javier Limón, herencia de la experiencia con Sabina, firma el novedoso arreglo con una coda luminosa y flamenca que difiere de las versiones anteriores. Pese a ello la mejor versión de «Mediterráneo» sigue siendo aquella que Serrat grabara para su disco en directo de mediados de los años ochenta.  Pertenece -al fin y al cabo- a una época absolutamente dorada en la obra del cantautor catalán.

15. «Plany al mar»: Como pasaba en aquel disco en directo «Plany al mar» -grabada en 1984- establece secuencia y diálogo con el gran clásico del cantautor y venía a ser un lamento al mar y una refutación de ese canto vital que es «Mediterráneo». Canción ecológica de enorme intensidad lírica. Serrat la canta con Silvia Pérez Cruz, una de las grandes voces del paisaje musical de nuestros días, componiendo uno de los duetos realmente imprescindibles del disco. No lo contará Juan Cruz en El País pero cabe recordar que Silvia Pérez Cruz y Serrat se conocieron en la presentación barcelonesa de Serrat, cantares y huellas. Silvia le regaló a Serrat una emocionante versión de «Pare». Para ella fue muy importante cantar delante de Serrat, sola con su guitarra. Allí nació una complicidad musical que refuerza este enorme y compartido «Plany al mar».

16. «Hijo de la luz y de la sombra»: Serrat y los poetas, a quienes hizo suyo, difundió, amó e incorporó con naturalidad a su obra. Su segundo disco a Miguel Hernández fue un trabajo brillante e indudablemente audaz. Lamentablemente eran otros tiempos y la recepción no fue tan entusiasta como la que tuvo su primer disco dedicado al inolvidable poeta de Orihuela. «Eres la noche esposa. Yo soy el mediodía…».  La expresiva «Hijo de la luz y de la sombra» daba título al disco.

17. «Sinceramente teu»: Serrat rescata su grabación con la gran Maria Bethania. Guiño al disco brasileño de Serrat que se publicó en 1986 y que se tituló precisamente como la balada antológica que formó parte del disco Cada loco con su tema. En aquel Sinceramente teu se echó en falta la presencia de Chico Buarque que es uno de los ausentes ilustres de esta Antología desordenada. Otro pudiera ser Charles Aznavour.

18. «Niño silvestre»: Los niños yunteros de nuestros días. Serrat retrató a los niños de la calle en esta canción que formó parte de Nadie es perfecto. El cantautor catalán la canta con su voz añosa de hoy remarcando esa sangrante odisea de quienes no conocerán la luz de la infancia y aprenden desde la cuna a convivir con la miseria.

19. «A ese pájaro dorado»: Si algo echamos en falta en esta Antología desordenada es una mirada de Serrat más arriesgada a su propio repertorio. Hubiese sido un buen momento de poner en valor joyas más ocultas. Excepción a la regla es «A ese pájaro dorado» que le encanta a Ricard Miralles y que se hace un sitio en este disco pese a ser una canción escasamente transitada por Serrat en sus recitales. Grabada en 1975 supone una muestra relevante del Serrat amoroso y cotidiano. En esta revisión se acompaña de Dulce Pontes, una de las presencias más destacables -por inesperada-  del disco. La cantante portuguesa ya realizó previamente una gran versión de «Bendita música».

20. «Me’n vaig a peu»: Otra pieza clave del repertorio de Serrat. Canción de huida con mucho de copla, de zambra evocadora. A la par autorretrato del artista fugitivo que jamás olvidó sus raíces. El camino es cuesta arriba pero me voy a pie. La presencia de Estopa refuerza las connotaciones charnegas de una canción que nos lleva en volandas a aquel Serrat primerizo que se presentó en solitario en el Palau de la Música.

21. «De vez en cuando la vida»: Un clásico de Serrat que no podía faltar en esta antología. Serrat es fiel a la grabación original. «De vez en cuando la vida nos besa en la boca…». A punto de cantar que hace veinte años que tiene veinte años Serrat despliega un prodigioso compendio vital en cuyo espejo se cruzan la alegría y la amargura de la existencia.

22. «Penélope»: Su presencia resulta inevitable en cualquier antología que se pretendiera hacer de Serrat. Otra canción atemporal, fijada en la memoria del oyente, una reinterpretación del mito homérico pasada por el filtro de Lorca y de la copla. Penélope y su abanico y la plomiza tarde de abril y la deshojada Calle Mayor y el Festival de Río y Algueró y la ineludible tanda de bises al final de los recitales. Serrat la canta con Gino Paoli en otro de los momentos del disco que hay que celebrar. Paoli ha sido de los más consistentes intérpretes de Serrat, traductor de su universo en lengua italiana. Recuérdese su elepé setentero I semafori rossi non sono Dio. 

23. «Temps era temps»: Hubo un tiempo en el que Pi de la Serra se alió en el grupo de los que consideraban a Serrat un traidor a los principios inamovibles de la Nova Cançó. Temps era temps. Le dedicó incluso alguna canción irónica al respecto. El tiempo cerró heridas, limó las diferencias, relativizó el asunto. Serrat y Pi de la Serra retomaron relaciones y compartieron discos y complicidades que culminan con esta versión compartida de «Temps era temps», otro clásico de Serrat, crónica lúcida de un tiempo de posguerra, eco de aquel imprescindible Tal com raja de 198o, otro de los grandes frescos sonoros del cantautor.

24. «Esos locos bajitos»: Un poema del argentino Horacio Salas («Los hijos») dio origen a otra de las grandes canciones alumbradas por Serrat. Parte de aquel memorable En tránsito -el Mediterráneo de los 80- «Esos locos bajitos» nos llega ahora en esta sutil recreación de Serrat que sigue creyendo firmemente que la patria es la infancia.

25. «La saeta»: Sin pretenderlo «La saeta» emerge musicalmente como himno de la Semana Santa andaluza que ha viajado en voces diversas, de la Argentina de Jairo al Brasil de Raimundo Fagner. Es otro hito de Serrat, plástica adaptación del poema de Antonio Machado que formó parte de su libro Campos de Castilla. «La saeta» era una de las piezas más reconocibles de aquel histórico elepé dedicado al poeta sevillano. En 1969 los versos de Machado encontraron en Serrat su más preciso cantor. En esta Antología desordenada Serrat comparte «La saeta» con la eminente cantaora Carmen Linares. Enérgico arreglo para este intenso mano a mano que nos conduce hacia aquel poema de Cernuda titulado «Luna llena en Semana Santa».

26. «Barcelona i jo»: La ciudad amada, la ciudad-espejo, la ciudad cantada y contada, la de los mil perfumes y la de los mil colores, con sus luces y sus sombras cotidianas. Serrat vuelve la vista hacia esta gran canción con la que abría el exquisito disco Material sensible grabado en 1989.

27: «Cantares»: Los proverbios y cantares de Antonio Machado trascendieron en la voz de Serrat que incorporó a ellos una estrofa de su propia cosecha. «Cantares» forma parte de ese manojo de canciones absolutamente emblemáticas del cantautor. Serrat decide aquí no recrearla sino desempolvar la versión en directo que grabara para El gusto es nuestro. En esos multitudinarios conciertos la compartía con Miguel Ríos quien también la grabó a principios de los años setenta.

28: «Ja tens l’ amor»: Serrat la canta con Ana Belén, ineludible presencia. No se reconoce como tal pero esta canción de  es una chef- d’ oeuvre de Serrat. Una mirada a la complejidad del amor que hubiese firmado el Jacques Brel más desesperadamente calmo, el de «Le prochain amour», por ejemplo.

29: «El sur también existe»: Persiste el impecable arreglo original de 1985 del maestro Miralles. Serrat regresa al disco que dedicara al poeta uruguayo Mario Benedetti al que esta canción daba nombre.

30: «Pendiente de ti»: En su Antología desordenada Serrat hace referencia a casi todos sus discos. Curiosamente omite cualquier referencia a 1978, un álbum de transición pero absolutamente lírico, injustamente postergado. De Utopía escoge esta balada de convivencia amorosa y respeta la versión grabada originalmente con Soledad Giménez, otrora alma vocal de Presuntos implicados.

31: «La tieta»: Obra maestra de aquel Serrat que tenía veinte años y sentía bullir la sangre. Canción larga pero que no mengua su intensidad en ningún momento. Serrat describe a una solterona, se apropia de su cotidianeidad, eterniza su día día, desde que se levanta temprano hasta que se acuesta. Es uno de esos personajes que el cantautor supo retratar con la maestría descriptiva que le ha sido propia. Su voz de ahora sigue otorgando a la pieza una gran carga emotiva.

32. «Algo personal»: Una de las sorpresas agradables del disco. Uno puede echar en falta presencias más atrevidas en el disco, teniendo en cuenta la diversidad de artistas que aman la obra de Serrat. Faltan rockeros (pienso en Josele Santiago o en Jaime Urrutia o en Andrés Calamaro) o en artistas de la dimensión de Quique González con el que podía haber cantado «La aristocracia del barrio». Al menos el rap acelerado de Calle 13 supone una indudable inyección de frescura y de espontaneidad. La letra de «Algo personal» (Cada loco con su tema, 1983) se mezcla con un texto original de la banda puertorriqueña. Los resultados son espléndidos.

33. «Y el amor»: Una canción breve, de sublimación amorosa, de esas que gustan a Aute a quien «Y el amor» le va como anillo al dedo. No se modifica el arreglo original de Kitflus, responsable sonoro de Utopía, uno de los discos posiblemente menos inspirados de toda la carrera de Serrat.

34. «Pueblo blanco»: Otra joya. Serrat vuelve a recrearla, a navegar por este pueblo colgado de un barranco, estampa de posguerra detenida en el tiempo. El arreglo conserva la épica original pero incorpora sutiles cambios en las instrumentaciones. La voz de Serrat nos llega como debe, vibrante y desesperada, culminante en ese final que trascendió a su intención original adquiriendo el valor de una estremecedora metáfora.

35: «Seria fantàstic». El «Imagine» de Serrat, la suma de ética y poética en una canción que forma parte de una etapa creativa distinta en la que el lenguaje se asoma a un mayor sentido coloquial, sin perder lirismo. Grabada en 1984 Serrat la revisa treinta años más tarde, sin someterla a cambios excesivamente bruscos.

36: «Disculpe el señor»: Otro guiño a Utopía, canción que en su registro original arreglara Josep Mas Kitflus pero que aquí comparte con el piano y la sensibilidad musical de Ricardo Miralles. Esta versión nos remite a aquella gira desnuda, ligera de equipaje, que se titulara 100×100 Serrat en la que las canciones serratianas se sometían a un intenso proceso de despojamiento, incluida esta metáfora Norte-Sur que se titulara «Disculpe el señor».

 37: «El carrusel del Furo»: De aquel Serrat Sinfónico el cantautor catalán rescata esta entrañable canción que formó parte de Para piel de manzana.

38. «Per què la gent s’ avorreix tant?: ¿Por qué los hombres se aburren? Gran pregunta retórica que se hacía Serrat en 1980 con el desencanto abriéndose paso en la recién estrenada democracia. Pura concisión para esta pequeña balada inspirada en una canción poco conocida de Jacques Brel. Desconcierta ciertamente la presencia del showman Andreu Buenafuente aunque es pública y notoria su complicidad con el cantautor catalán y la relación de Serrat con el mundo del humor.

39. «Lucía»: No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí. Los grandes versos de Serrat, la luna arañando el mar, las protopalabras del cantautor al modo que pedía Rilke. Y algo de las Cartas del joven poeta asoma en composiciones como «Lucía» -suma magistral de letra y música- que parecen cantarle al amor perdido como si nadie lo hubiera cantado antes, con esa convicción y ese lirismo. La versión de «Lucía» ha de situarse también en un lugar privilegiado en este disco. Con esa guitarra anunciadora de Silvio Rodríguez con quien Serrat comparte esta joya que formaba parte del oleaje del legendario Mediterráneo.

40: «No hago otra cosa que pensar en ti»: Otra de las grandes canciones de Serrat que aquí comparte con la cantante mexicana Paquita la del Barrio que propicia una curiosa modificación de la letra original. A la manera de una payada Paquita la del Barrio ejerce de contrapunto a Serrat. De ese modo nos encontramos con una de las revisiones más originales del disco.

41: «Cremant nuvols»: Algo destacable de esta Antología desordenada es que logra conciliar las dos lenguas de expresión de Serrat: la catalana y la castellana. Ganan las canciones en castellano pero al menos hay cierto equilibrio a la hora de sintetizar la aportación de Serrat en ambas lenguas. «Cremant nuvols» nos remite a Mò, el último de sus discos en catalán.

42: «Para la libertad»: En 1972 Serrat le canta por vez primera a Miguel Hernández. Entre los poemas escogidos está «El herido». Serrat clama con el poeta que por la libertad sangra, lucha y pervive. Grito de rabia que alcanza enorme vigencia en la agonía del franquismo. Serrat canta «Para la libertad» con otro egregio artista, el panameño Ruben Blades. Los puristas de la obra del cantautor se rasgaran las vestiduras ante una versión que se ubica en las antípodas del registro original y de la atmósfera concebida por Francesc Burrull.

43: «Es caprichoso el azar»: Serrat recupera un dueto ciertamente celebrado, el que le unió a Noa en la delicadísima «Es caprichoso el azar» (Versos en la boca, 2002).

44. «Benito»: Otra enorme composición de Serrat, historia-río de un personaje desarraigado y mendicante. Una de las últimas obras maestras del cantautor. Serrat no se complica y acude al registro original de la canción: CD Nadie es perfecto, 1994.

45. «Helena»: Una de las canciones más arriesgadas e intensas de su repertorio.  Grabada en 1973 para el melancólico Per al meu amic. En el momento de su aparición pocos percibieron la importancia de esta canción desesperada, descarnada cuita amorosa llena de matices, de sugerencias poéticas y con un clímax de emotividad admirable. Serrat la recrea con emoción ajustándola a su voz de hoy.

46.»Sin piedad»: Serrat recupera la grabación que hiciera con la mítica Mina de esta canción menor incluida originalmente en Versos en la boca.  Mina ha sido una de las mejores intérpretes del repertorio de Serrat. Sus versiones libres de «La tieta» o de «Romance de Curro el Palmo» están en la memoria del oyente sensible. De ahí la importancia que tuvo este encuentro de Serrat con Mina cargado de simbolismo.

47. «Hoy por ti, mañana por mí»: Un guiño a La orquesta del Titanic, el disco que concibieron juntos Sabina y Serrat. En esta versión destaca la presencia cómplice de la peruana Tania Libertad.

48. «Pare». Otra de las gemas de Per al meu amic y otra de las canciones esenciales en la obra de Serrat con una mirada de potente lirismo a la naturaleza asediada en la que se interpela a un dios simbólico. Padre, que el mar ya no el mar, que el río ya no es el río, que el cielo lo canta llorando. Las estrofas se mecen en una melodía exquisita, de indudable magnetismo. Serrat nos deja una hermosa revisión de esta pieza magistral.

49. «Hoy puede ser un gran día»: Otro de los hits de Serrat, infaltable en sus recitales y uno de los colofones de esta Antología desordenada. Serrat rescata la versión de El gusto es nuestro compartida con Víctor Manuel, Ana Belén y Miguel Ríos. Himno luminoso, gozoso y vitalista que nos remite al Serrat en plenitud de los años ochenta.

50. «Paraules d’ amor»: Las palabras de amor sencillas y tiernas para una versión aceptable pero no memorable. Una canción mil veces citada de una sencillez expresiva encomiable, ejemplo eminente de la poesía amorosa de Serrat que la canta con Pablo Alborán, otro ídolo pop de nuestros días con apenas tres discos publicados. Puede resultar otra presencia desconcertante en el disco aunque el fenómeno Alborán haya atraído a periodistas musicales sumamente exigentes como Jordi Bianciotto. Serrat culmina con sus «Paraules d’ amor» su desordenada antología que viene a demostrar la unidad y la coherencia que sustenta toda su obra, desde 1965 hasta la fecha.