Libros de poesía

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Sobre Al cerrar los ojos:

Algunas afortunadas veces, cuando abrimos un libro de poemas, sentimos el milagro de la vida resbalar por nuestros dedos hacia lo más profundo de nuestro corazón. Las palabras comienzan a escaparse de los folios y a revolotear a nuestro alrededor como pequeñas hadas cargadas de belleza. Eso es exactamente lo que me ocurrió la primera vez que comencé a leer Al cerrar los ojos , última entrega poética de Luis García Gil.

Este poemario está tan colmado de verdad que resulta a la vez conmovedor e hiriente, hipnótico y doloroso, inolvidable y bello como sólo puede serlo la auténtica poesía. La que mana del alma. La que habla a través del tiempo, del espacio y de las circunstancias al oído de la experiencia humana verdadera puesta a secar en forma de palabras certeras.

Luis mira al mundo con los ojos de Verlaine, habla a través de los labios de Luis Rosales, esculpe el delirio creador de Fidias, pasea por Calanda al lado de Buñuel, canta junto a Violeta Parra en 1967 y sabe que Gil de Biedma nunca podrá morir del todo. El poeta García Gil es todos los poetas, el poeta es también a la vez todos los hombres y como todos ellos nació/ con la flor del misterio/temblando en las pupilas/ con el ángel de la guarda/ custodiando sus pasos/. Conoce la vida, se empapa de ella y sin miedo recorre los oscuros recovecos de la melancolía y de la inevitable, constante pérdida. Sabe que la soledad es el alto precio del poema. Se ha hecho plenamente consciente de su condición irremediable de forajido , en el sentido más etimológico del término: el fora exitus o salido afuera, aquel que es capaz de vivir extrañado de la propia vida para luego poder regresar a contárnosla. Todo genuino poeta como Luis García Gil vive sumergido en las palabras, y posee la infancia solitaria del viajero/ que recorre los andenes del tiempo/ con un reloj parado en el bolsillo./ Porque sólo quien ama abraza un sueño,/ y huye intrépido de las ciudades invernales,/ quien ama elige cómo hacerlo,/ cómo verter/ la desvalida lágrima en el mar de la vida./

Al cerrar los ojos , este poemario que Luis García Gil ahora nos lega, es un regalo de sensibilidad, un exquisito análisis de los sentimientos más puros expresados con toda la elegancia del arte, un viaje sin regreso/ al principio de todo lo soñado./ Canta el poeta desde ese principio, bendecido por la voz ronca de su bisabuelo, por el peso del mundo y su vigilia. Canta desde un lugar profundo y mágico que la humanidad entera reconocemos como propio. Y se levanta en armas contra la injusticia, contra todo aquello que nos pesa, /contra quienes hablan de moral y son inmorales,/ y se encomiendan a Dios,/ pero si Dios existiera los despreciaría./ Contra la intolerancia y el vasallaje,/ contra el miedo y el despotismo,/ (.)/ contra el poeta glorificado/ cuyo verso se ha quedado mudo,/ contra todo lo que duele/ y amenaza el milagro de la vida./ Ha aprendido que de ciertos exilios nunca se vuelve./ (..)/Ni la mar ni la luna son los mismos./ La voz de Luis García Gil se muestra reveladora, profética, cálida. Síganla al corazón de la existencia, al tuétano mismo de nuestra desnudez vital, al lugar verdadero donde mueren todas las imposturas. Allá donde habite el olvido que proclamara Gustavo Adolfo Bécquer y repitiera homenajeante Luis Cernu-da. Allá se dirige también esta magnífica obra de Luis García Gil: donde quemé las naves,/donde hallé tus labios/y mordí tu fruto,/donde dejé el poema,/donde me supe muerto,/donde me supe vivo./ Sencillamente imprescindible.

Raquel Lanseros.

Al cerrar los ojos, esta nueva entrega poética de Luis García Gil, resulta ser una crónica de reflejos desvanecidos, de imágenes que nos observan desde los tiempos demacrados del otro lado del espejo, -espejo antiguo, los nuevos no tienen memoria- sin que podamos alterar el devenir de lo transcurrido ni eliminar el óxido de las fotografías que Lewis Carroll tomó desde esa frontera de mercurio.

En la cara oculta de sus lunas quedaron las reflexiones que nunca nos serán devueltas: la vieja actriz maquillándose para representar la última función, el padre buscando su perfil para afeitarlo, el poeta abrazando su propia sombra adormilada en el ajenjo de un burdel.

Resulta terrible la certeza de saber que quien desde allí nos mira ya no existe, y desoladora la soledad que nutre los espejos.

En lo más profundo y cóncavo de esos vidrios amarillean las canciones que evocan un pasado familiar lejano, y desde ese fondo abisal, en ocasiones rescatamos galeones hundidos con cargamentos de melodías marinas, tonadas oceánicas y hasta el eco lunfardo de algún tango que hace que se nos «piante» un lagrimón.

¡Ah, si la vida no desvaneciera en los espejos, si el tiempo no doliera desde allí clavándonos las saetas de su reloj de arena! Se le entornan los ojos a un hermoso poema de Luis – es necesario mantener los ojos cerrados para evocar-, que habla de las palabras que ordenan nuestro mundo; hasta que esos versos se adormecen entre mis manos. De repente, me encuentro rodeado por un corro de niños ataviados con batas de rayas, recitando las «Nanas de la Cebolla», mientras su profesora, resuelta en lunas , insiste en recordarme aquella cárcel de Torrijos.

Don Antonio se preocupa por sus colegiales, que ya habrán olvidado las tablas y los ríos que declinaban durante aquellas tardes pardas y frías de invierno.

Dos amantes lloran a gritos, ante una tintorería, poemas de Neruda, y Baudelaire toma la voz de Luis García Gil, durante unos instantes, para bendecirnos con su poesía.

Ya es la hora del cierre de los sueños. Completamente poseído por este extraordinario «Al cerrar los ojos», me pregunto cuál de los dos es el otro lado.
¡Salud, poeta!

Tito Muñoz