AL CERRAR LOS OJOS

"Al cerrar los ojos" es el título del último libro de poemas de Luis García Gil. Aparece en el mes de mayo de 2010 bajo el sello de la Compañía de Versos Anónimos (CVA). La presentación tuvo lugar en el marco de la Feria del Libro de Cádiz. Nos hallamos ante un poemario heterogéneo que asume varias voces. El poeta que habitaba en La pared íntima va al encuentro de su madurez lírica en esta nueva entrega en la que aparecen poemas como "Padre e hijo" "Violeta sin canciones", "Gil de Biedma", "Mujer sola", "Los ojos de Verlaine", "El tiempo de las fotografías", "Octubre", "Las lilas del verano", "Sectas", "Tambores de Calanda", "Monólogo de Monty Clift", "Ventanas", "Rehabilitación", "Con la yema de los dedos", "El hombre que no somos", "Botella al mar" o "Faros".

Al cerrar los ojos sabe a verdad y a memoria. Su autor lo define como su mejor libro de poemas, aquel que mejor medida ofrece de su modo y manera de entender el verso.

A continuación recogemos los prólogos que escribieron para la edición de Al cerrar los ojos los poetas Raquel Lanseros y Tito Muñoz. Completamos este recorrido por los poemas con un texto de la poeta gaditana Rosario Troncoso.

PRÓLOGO DE RAQUEL LANSEROS

Algunas afortunadas veces, cuando abrimos un libro de poemas, sentimos el milagro de la vida resbalar por nuestros dedos hacia lo más profundo de nuestro corazón. Las palabras comienzan a escaparse de los folios y a revolotear a nuestro alrededor como pequeñas hadas cargadas de belleza. Eso es exactamente lo que me ocurrió la primera vez que comencé a leer Al cerrar los ojos , última entrega poética de Luis García Gil.

Este poemario está tan colmado de verdad que resulta a la vez conmovedor e hiriente, hipnótico y doloroso, inolvidable y bello como sólo puede serlo la auténtica poesía. La que mana del alma. La que habla a través del tiempo, del espacio y de las circunstancias al oído de la experiencia humana verdadera puesta a secar en forma de palabras certeras.

Luis mira al mundo con los ojos de Verlaine, habla a través de los labios de Luis Rosales, esculpe el delirio creador de Fidias, pasea por Calanda al lado de Buñuel, canta junto a Violeta Parra en 1967 y sabe que Gil de Biedma nunca podrá morir del todo. El poeta García Gil es todos los poetas, el poeta es también a la vez todos los hombres y como todos ellos nació/ con la flor del misterio/temblando en las pupilas/ con el ángel de la guarda/ custodiando sus pasos/. Conoce la vida, se empapa de ella y sin miedo recorre los oscuros recovecos de la melancolía y de la inevitable, constante pérdida. Sabe que la soledad es el alto precio del poema. Se ha hecho plenamente consciente de su condición irremediable de forajido , en el sentido más etimológico del término: el fora exitus o salido afuera, aquel que es capaz de vivir extrañado de la propia vida para luego poder regresar a contárnosla. Todo genuino poeta como Luis García Gil vive sumergido en las palabras, y posee la infancia solitaria del viajero/ que recorre los andenes del tiempo/ con un reloj parado en el bolsillo./  Porque sólo quien ama abraza un sueño,/ y huye intrépido de las ciudades invernales,/ quien ama elige cómo hacerlo,/ cómo verter/ la desvalida lágrima en el mar de la vida./

Al cerrar los ojos , este poemario que Luis García Gil ahora nos lega, es un regalo de sensibilidad, un exquisito análisis de los sentimientos más puros expresados con toda la elegancia del arte, un viaje sin regreso/ al principio de todo lo soñado./ Canta el poeta desde ese principio, bendecido por la voz ronca de su bisabuelo, por el peso del mundo y su vigilia. Canta desde un lugar profundo y mágico que la humanidad entera reconocemos como propio. Y se levanta en armas contra la injusticia, contra todo aquello que nos pesa, /contra quienes hablan de moral y son inmorales,/ y se encomiendan a Dios,/ pero si Dios existiera los despreciaría./ Contra la intolerancia y el vasallaje,/ contra el miedo y el despotismo,/ (.)/ contra el poeta glorificado/ cuyo verso se ha quedado mudo,/ contra todo lo que duele/ y amenaza el milagro de la vida./ Ha aprendido que de ciertos exilios nunca se vuelve./ (..)/Ni la mar ni la luna son los mismos./ La voz de Luis García Gil se muestra reveladora, profética, cálida. Síganla al corazón de la existencia, al tuétano mismo de nuestra desnudez vital, al lugar verdadero donde mueren todas las imposturas. Allá donde habite el olvido que proclamara Gustavo Adolfo Bécquer y repitiera homenajeante Luis Cernu-da. Allá se dirige también esta magnífica obra de Luis García Gil: donde quemé las naves,/donde hallé tus labios/y mordí tu fruto,/donde dejé el poema,/donde me supe muerto,/donde me supe vivo./  Sencillamente imprescindible.

PRÓLOGO DE TITO MUÑOZ

Al cerrar los ojos, esta nueva entrega poética de Luis García Gil, resulta ser una crónica de reflejos desvanecidos, de imágenes que nos observan desde los tiempos demacrados del  otro lado del espejo,  -espejo antiguo, los nuevos no tienen memoria- sin que podamos alterar el devenir de lo transcurrido ni eliminar el óxido de las fotografías que Lewis Carroll tomó desde esa frontera de mercurio.

En la cara oculta de sus lunas quedaron las reflexiones que nunca nos serán devueltas: la vieja actriz maquillándose para representar la última función, el padre buscando su perfil para afeitarlo, el poeta abrazando su propia  sombra adormilada en el ajenjo de un burdel.

Resulta terrible la certeza de saber que quien desde allí nos mira ya no existe, y desoladora la soledad que nutre los espejos.

En lo más profundo y cóncavo de esos vidrios amarillean las canciones que evocan un pasado familiar lejano, y desde ese fondo abisal, en ocasiones rescatamos galeones hundidos con  cargamentos de  melodías marinas,  tonadas oceánicas y hasta el eco lunfardo de algún tango que hace que se nos "piante" un lagrimón.

¡Ah, si la vida no desvaneciera en los espejos, si el tiempo no doliera desde allí clavándonos las saetas de su reloj de arena! Se le entornan los ojos  a un hermoso poema de Luis - es necesario mantener los ojos cerrados para evocar-, que habla de las palabras que ordenan nuestro mundo; hasta que esos versos se adormecen entre mis manos. De repente, me encuentro rodeado por un corro de niños ataviados con batas de rayas, recitando las "Nanas de la Cebolla", mientras su profesora, resuelta en lunas , insiste en recordarme aquella cárcel de Torrijos.

Don Antonio se preocupa por sus colegiales, que ya habrán olvidado las tablas y los ríos que declinaban durante aquellas tardes pardas y frías de invierno.

Dos amantes lloran a gritos, ante una tintorería, poemas de Neruda, y Baudelaire toma la voz de Luis García Gil, durante unos instantes, para bendecirnos con su poesía.

Ya es la hora del cierre de los sueños. Completamente poseído por este extraordinario "Al cerrar los ojos", me pregunto cuál de los dos es el otro lado.
¡Salud, poeta!

TEXTO DE ROSARIO TRONCOSO
"Afirmo, no sólo desde la amistad que a él me une, sino desde el conocimiento profundo de su obra, que nos encontramos ante uno de los poetas más brillantes del panorama literario español. Y no es osadía tal afirmación sino la constatación de una realidad que a medida que una se pasea por las páginas de sus libros se va descubriendo.
Luis García Gil es un autor cuya impecable trayectoria sorprende por su juventud, y por la calidad en todas y cada una de las tareas que emprende. Será que pone en todo el corazón, sin reservas.
En Luis habita un poeta antiguo, una vieja lírica colmada de influencias que engrandecen sus versos, cuando intuimos a Bécquer, Baudalaire, o Gil de Biedma, por mencionar algunos ejemplos del rico universo personal de Luis García Gil, de su amplio imaginario de lecturas. En su poética homenajea a los clásicos, modernizándolos, y sus fuentes y su experiencia confluyen en una voz poética propia, una gran voz, sin fecha de caducidad, que no está sujeta a modas o tendencias efímeras, un personalísimo arte literario perdurable en el tiempo, y esta nueva entrega, Al Cerrar los Ojos es buena muestra de ello.
Un libro elegante en su forma y sublime en su contenido, impregnado de verdad, en que las bien hiladas palabras prenden la luz interior de quienes se dejan querer por la poesía inconfundible de Luis, y se sabe, se tiene la certeza, de que la buena poesía, la poesía eterna, está entre nosotros, y evocamos nombres como el de Luis Rosales, y sentimos al gran José Manuel García Gómez entre las sílabas de este delicioso puñado de poemas de Luis García Gil, heredero de la belleza y el amor por la literatura, la música, el arte, que nos salva del desvalimiento, para traernos la paz de sabernos protegidos y salvados por la sensibilidad más exquisita.
En Luis García Gil nos encontramos con una poesía de alto nivel, alta poesía para paladares exquisitos, digna de saborearse íntimamente, asumiendo su cuidada técnica, dejándose acariciar por los sentimientos más puros y más universales al amor de un lenguaje esculpido para acariciar los sentidos.
Aunque a veces las caricias sean violentas, y lleguen a herir escarbando justo ahí donde duele la vida, donde la muerte te vé, donde la muerte te mira a los ojos.
Pero Luis, con una suerte de malabarismo mágico, la engaña, fingiendo el sueño, no para huir, sino para enfrentarla, pasando por encima de ella, cerrando los ojos para abrir más que nunca la mirada al mundo:

(.) Cerrar los ojos y ensayar la muerte,
ataviarse de sueño mientras llega
el olvido a enterrar los recuerdos. (.)

Para Luis García Gil no es necesario demostrar nada.
Es poeta, siente poeta, vive poeta. Y así se enfrenta al mundo, valientemente, con las manos llenas de experiencias que convertir en verso vivo, en crónica de lo que siente.
Como alquimista de palabras, construye velas con su desvalimiento para afrontar un viaje incierto por aguas que no son siempre navegables, con vientos que no son siempre favorables, soñando siempre con playas que conoce, con playas que le conocen y que le añoran, y le abren los brazos. Y encuentra su rumbo, en una ensoñación contínua, doliente unas veces, iniciática otras, pero siempre resultando clarificadora.

(.) La infancia solitaria del viajero,
la lluvia en los cristales y el destino
de un viajero sin rumbo, a la deriva.

Los recuerdos propios, la empatía con la memoria ajena, la añoranza, el tema universal del paso del tiempo, son abordados en la poesía de Luis de un modo actual y sorprendente.
El tiempo duele en las fotografías.
Te contemplo con ojos desvalidos
y pienso que tu playa es lejana,
lejana e irreal, como el sueño.

En Al Cerrar los Ojos se nos descubre un poeta sin artificios, cuya verdad atraviesa todo intento de abstraerse y no mirar.
Luis García Gil, en este libro, y en toda su poesía, nos da una lección desde la humilidad de quien sólo ambiciona comunicar, llegar a todo aquel que se muestre receptivo, emocionar y hacer temblar los cimientos de quienes aún no se han atrevido a ver, a enfrentarse de frente con la poesía: una placentera batalla que merece la pena.

Conocer a Luis García Gil, es admirarle y quererle de forma inmediata, por su encantadora forma de ser, por su forma exquisita de cuidar a sus amistades, por sus detalles, por su forma de demostrar el cariño y su deliciosa forma de ser y entender la vida. Por su buen hacer, se le aprecia. Y por su poesía, por su literatura, por su genial obra, para la posteridad.
No me extenderé más en escudriñar y hacer comentarios textuales acerca de unos versos que tendrán ustedes a bien descubrir en este libro que hoy se presenta.

Un libro que siento como parte de mi, también, por haberlo visto nacer y crecer, por haberlo acunado entre mis brazos, por haberlo vivido intensamente, y por seguir disfrutando de él. Porque sus versos me acompañan si me siento sola.

Gracias Luis por confiar en mi en este proyecto tan maravilloso, gracias por ser un poeta, un autor tan completo, del que aprender tanto. Es un sueño para mi, y un honor, el presentarte yo a ti, en este día especial para la poesía en Cádiz.
Luis García Gil, poeta de Cádiz, filántropo y humanista diletante, melómano sin remedio, buena gente, persona excepcional.He aquí su obra última. Que la poesía te acompañe siempre, y que el viento de la vida te bailen tangos (o tanguillos), por las calles de Cádiz, y que tu obra surja, para siempre, en medio de las olas".

 

Portada del libro: Serrat, algo personal
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