Defensa de uno mismo

DEFENSA DE UNO MISMO

Sobre todas las cosas defiéndete de ti.

De esas mañanas donde llenas

de rabia el vaso de ese dolor de estar a solas,

de darle vuelta a lo que ya no tiene más vuelta.

Sobre todas las cosas defiéndete de ti.

De las noches en las que terminas

desangrándote en cualquier tugurio,

de la piel de las mujeres a las que terminas

confiando los últimos clamores de la noche,

de la soledad que te cruza los ojos,

de las monedas caídas contra la losa,

del regreso a la memoria de los muertos.

Sobre todas las cosas defiéndete de ti.

Tú eres tu peor enemigo, el sable oscuro

que penetra en tu casa y te traspasa,

el pájaro agonizante que rastrea la muerte,

revolviéndolo todo con sus alas rasantes.

Sobre todas las cosas defiéndete de ti,

De los amigos que te dejan a la intemperie,

de la fe inconsistente, a punto de naufragar,

de ese amargo lado del espejo, de todo

lo que irremisiblemente se hunde.

Sobre todas las cosas defiéndete de ti.

Que el camino te sea favorable,

que  te acompañen los vientos,

alborozados vientos de poniente guiándote

hacia el predio de los días más claros.

Y que la luz de la tarde se te prenda en

los labios. No la luz mortecina sino la luz

perfecta, la que redime, la que salva.

Y no olvides, por último, defenderte de ti.