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Después de tantos años: Mó


“Blanca de calç, mirant al nord/ Sol matiner li encén el rostre/I Mô s'enfila des del port/ Pels antics camins de ses costes…" (Blanca de cal, mirando al norte/ sol madrugador le enciende el rostro/ y Mô se encarama desde el puerto/ por los antiguos caminos de sus costas). De esta manera tan lírica y descriptiva comienza , el nuevo álbum de Joan Manuel Serrat, un ejercicio de prodigiosa sensibilidad en cada una de las piezas que forman parte de este nuevo y esperado trabajo del cantautor catalán. Después de tantos años Serrat regresa a su lengua paterna y nos vuelven los ecos de tantas canciones que nos han sacudido el alma, desde aquellas tempranas obras maestras de los primeros tiempos a la madurez delicadísima de Tal com raja, su última obra maestra en catalán. Serrat no había grabado nuevas canciones en catalán desde aquel Material sensible que grabara en 1989 con el que está sentimentalmente tan ligado. No sólo por ese citado retorno a nuevas creaciones en lengua catalana, sino por la vinculación sentimental que se establece entre “Capgròs” – octavo corte de Mô- y “Malson per entregues” –el tema que clausuraba Material sensible- con el recuerdo perenne de Josep Maria Bardagí, uno de esos músicos enormes que están indisolublemente unidos a la obra del cantautor. ¿Quién puede olvidar, conociendo hasta en sus más recónditos espacios la obra del cantautor, los arreglos de Res no es mesquí, una de los discos musicalmente más bellos de Serrat?

Mô se abre con el tema homónimo, una canción envuelta en una musicalidad suave con crescendos característicos de Serrat, todo recogido en la gasa del arreglo y del piano de Miralles. Serrat le dedica una canción de amor a la ciudad de Mahón y por extensión al paisaje menorquín en el que se han reflejado tantas de sus canciones. Para esta mirada abrazada a su entorno más íntimo y cotidiano Serrat se refugia en esa poesía descriptiva que tan bien sabe manejar. Cada palabra dialoga con calidez con la melodía que la sustenta. Mô es la pieza más larga del disco pero la duración no hace que se resienta la calidad del tema, henchido de reposo, equilibrio y madurez. Serrat sabe alternar nuevamente en Mô piezas de largo aliento lírico con exquisitas baladas de corta duración donde lo fundamental es la capacidad de síntesis. Quizá, en este sentido, no haya mejor ejemplo que “Plou al cor” – sexto corte del disco-, una de esas baladas aparentemente sencillas de Serrat, totalmente desnudas de artificios, que terminan habitando la memoria y el corazón de quién la escucha. En Mô es evidente que la vuelta a la lengua paterna ha supuesto para Serrat encontrar un cauce poético que había quedado algo olvidado en sus últimas entregas discográficas. Se ha recuperado una cierta manera de mirar, de posarse en las cosas cotidianas, se ha recobrado una cierta densidad en la expresión, en la riqueza de los textos, en la poesía que éstos revelan. Quizá – y es algo lógico- hace tiempo que la inspiración musical de Serrat camina por una senda reconocible, sin demasiadas sorpresas. Hay canciones que siguen teniendo una delicadeza melódica innegable pero siempre bajo patrones ya conocidos en su obra y sin la intensidad musical de otros tiempos. Tras tantos discos y canciones es algo absolutamente normal y el dejà vú a veces es inevitable. De todas las maneras la sensación de Mô es la de una obra intimista, trabajada hasta en los más mínimos detalles, donde Miralles ha encontrado una base excelente para armonizar los arreglos, para cargar de matices cada pieza. A ello sumar el regreso pertinente de Kitflus y la aportación de músicos que son ya imprescindibles en las últimas odiseas sonoras del cantautor. Ahí están para certificarlo las presencias familiares de Victor Merlo, Roger Blavia o del mismísimo David Palau, tan recordado en su aportación magnífica al disco y a la gira de Versos en la boca .

En Mô la paleta lírica de Serrat no parece otorgarse descanso. No hay temas en los que los textos no hayan recibido un tratamiento cuidadoso. Todo ello otorga al disco un equilibrio indudable a lo largo y ancho de sus doce intensos capítulos. Serrat dedica “El teu àngel de la guarda” a su hija Candela. La música – aquí fresca y vitalista con importancia de la percusión de Roger Blavia y de la guitarra de David Palau- contrasta con el remanso en los arreglos en el tema que abre el álbum. Serán contrastes que irán buscándose a lo largo del disco buscándose cierta heterogeneidad en la propuesta musical. “Perdut en la ciutat” es un bellísimo canto al amor perdido con un hermoso estribillo y con el sentido narrativo y fabulador que tanto conocemos en la obra de Serrat. Aquí el piano de Miralles nos vuelve a deleitar mientras la historia avanza. De la soledad pintada en “Perdut en la ciutat” se pasa al patrón de la balada canónica en “Cremant Nuvols”, una canción de amor luminosa y vibrante, carnal y sugestiva, de los temas más líricos de Mò, con imágenes muy poéticas acurrucadas en las fiebres del sol de julio.

“Mala mar”, oda a las putas que no debería malinterpretarse, es un poema de Joan Margarit que procede de su libro Els motius del llop ( Los motivos del lobo ) cuya primera edición data de 1993. El poema se titula originalmente “Somriure” y está dedicado curiosamente a Serrat que devuelve la dedicatoria a Margarit vistiendo el poema con su voz y con su música. Después de la ya citada delicadeza de “Plou al cor” Serrat firma con el escritor valenciano Manuel Vicent – otro escritor cómplice con el cantautor- “El mal de la tarongina”, una canción de primaveras que arden en los labios con constantes hallazgos poéticos en el texto y con una musicalidad vibrante con todos los músicos tocando al unísono. Del optimismo de este corte – inspirado en la atmósfera predominante en el Son de mar de Vicent- saltamos a la melancolía – sin dejar de lado la ironía- que tiñe los pasajes de Capgrós, homenaje a Josep Maria Bardagí, recorrida de manera exquisita – como no podía ser de otra manera- por el violín de Pere Bardagí y segunda parte de ”Malson per entregues” que Josep Maria Bardagí escribió con Serrat para Material sensible. “Capgrós” suma la delicadeza del arranque con la intensidad y belleza de toda la canción. El arranque cuenta con las voces de María (la hija mayor de Serrat) y de Jofre (el hijo de Josep Maria) retomando el coro que dejaron en un continuará profético – cuando eran dos niños- en Malson per entregues, quince años atrás.

Mò retorna al ambiente festivo con aromas arábigo- andaluces con “Fugir de tu”, retorno al problema de la identidad personal, obsesión que Serrat ha reflejado en otros pasajes de su obra, más explícitamente en “Si no fos per tu”. Aquí, de todos modos, más que el desdoblamiento de la personalidad, más que el doble del que hablaba Julio Ramón Ribeyro y que articulaba el discurso del heterónimo "Tarrés", se habla de la imposibilidad de huir de lo que somos, “uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto” que Serrat ya nos cantó dos décadas atrás. Una de las joyas poéticas de Mò es “Ja tens l' amor”, una particular visión del amor que una vez se alcanza nos conduce al abismo. ¿Cuánto se daría por sufrir de nuevo la conquista de ese amor que finalmente será como el filo de una espada en la negrura cotidiana de los días? Un tema complejo y brillante. Aquí la brevedad es virtud. Serrat canta con sobriedad. El arreglo camina también en esa dirección. Sólo el violín carga de dramatismo la pieza.

Otro texto magnífico – con impronta jazzistica en la melodía- es “Si hagués nascut dona” donde retornan estampas reconocibles de la propia autobiografía del cantautor. Serrat se imagina qué hubiera pasado si hubiera nacido mujer. Esto le permite retornar al ambiente de la posguerra, a la memoria del barrio de la infancia en el Poble Sec. Son claves sentimentales que el cantautor maneja con precisión en una canción que critica el ostracismo de la mujer y el machismo imperante durante el franquismo. Retornamos a la imagen de la chica que debe llegar a casa antes de que el reloj marque las diez o a las pinceladas que podíamos advertir en la magnífica “Mare Lola” (grabada en 1970) e incluso a cierto costumbrismo y tono que predominaba en “Princesa”.

Serrat clausura Mô con la lúdica y lúcida “Res al ras” donde Serrat juega con el lenguaje. Es el último aliento de un regreso esperadísimo de Serrat al catalán. Después de tantos años. Es gozoso comprobar cómo a estas alturas de la historia Serrat no detiene su paso y siguen sus canciones vislumbrando nuevos horizontes. Hace tiempo que se sabe que Serrat viaja por el clasicismo aunque hacia tiempo que su obra no alcanzaba el equilibrio poético de este último álbum, un trabajo que además nos depara la sorpresa del DVD, una manera de indagar en el propio ámbito creativo del cantautor

 

 

 


 

 

 Luis García Gil. 2005