La pared íntima

La pared íntima

Con La pared íntima Luis García Gil pretendió hacer una antología que diera cabida a sus poemas de juventud. Es una poesía en evidente proceso de aprendizaje en la que cantó a lo que ya no ha de volver y en la que se mezclaba una poesía intimista con homenajes directos al cine y a la canción. Sus constantes como poeta navegan en este libro en el que afirmaba con Jaime Gil de Biedma que escribir poesía es una forma de no morir del todo.

Sus influencias como lector apasionado de poesía están muy presentes en los poemas que conforman La pared íntima, título que tomó prestado de su padre. No se puede escribir poesía sin haberse empapado previamente de los clásicos. Uno le debe tanto a Lope de Vega o a Quevedo como a Antonio Machado, Vicente Aleixandre o Miguel Hernández.

La poesía debe ser conmoción, debe llegar al lector interesado. En La pared íntima se mezclan recuerdos de infancia con dibujos exactos del tiempo que dicta sus leyes implacables. Hay homenajes directos a François Truffaut y a Jacques Brel sobre los que más tarde escribirá sendos libros. Es una muestra fehaciente de que un ensayo puede ser tan personal y lírico como un poema porque parten de una misma emoción, de un mismo tronco de sensaciones y vivencias muy particulares en la que no puede eludirse la influencia de la canción y del cine.

Al hilo de la publicación de este libro Luis García Gil declaró que confiaba en seguir creciendo como poeta y en llegar a dominar algún día las claves de un buen poema. La pared íntima supuso sobre todo la posibilidad de un primer apunte, de un primer reflejo de su mundo con poemas directamente confesionales como "Defensa de uno mismo" o "Canción última".