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La tía Tula (memoria de Miguel Picazo)

tiatula1La tía Tula, ópera prima de Miguel Picazo, es una de las obras claves del cine español, esencial para entender su propio devenir. En la muerte del cineasta jiennense conviene recordarlo en este país de mala memoria que hoy encumbra como cineasta patrio a Paco León. El mismo Paco León que obviamente no recordó a Picazo en su cuenta de Twitter, aunque León y otros muchos deban más de lo que creen a cineastas como Picazo que abrieron un camino en tiempos no precisamente fáciles. Picazo fue, en cierto modo, consecuencia creativa de aquellas Conversaciones de Salamanca que preludiaron cierto giro del cine español de los años sesenta, en consonancia con las nuevas formas de entender el cine que prodigaban en Europa. La tía Tula abanderó el nuevo cine español y esto lo entendió hasta Umberto Eco que la consideraba una obra cumbre de nuestra cinematografía y ejemplo de modernidad.

Al volver sobre La tía Tula pensé en Picazo filmando a una extraordinaria Aurora Bautista en una estación de tren en un final tan amargo como deslumbrante que constituye per se uno de los grandes momentos del cine español de todos los tiempos. El original de Unamuno es la excusa, el punto de partida del que se valió Picazo para abordar una versión libre de aquella novela homónima, a partir de la cual realizó una mirada despiadada a la España atávica, doliente, nacional y ultracatólica de aquel tiempo de incipiente desarrollismo.

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La tía Tula representaba a muchas mujeres condicionadas por el contexto de represión de la España franquista, solteronas a su pesar, beatas que terminan asumiendo el peso de su desgracia, de las oportunidades perdidas, de elegir entre ser dominadas y asumir una estricta moral que es al fin y al cabo la que subyace en la época. La mirada de Picazo sigue conmoviendo, es la mirada de un cineasta mayor cuyo cine no tendría la continuidad merecida con demasiadas trabas alrededor.

Hay que reivindicar la película de Picazo, hay que ensalzarla y oponerla a esos cineastas de hoy de tan escasa formación cinéfila que representan la cultura del espectáculo, el cine español del mañana efímero. No puede ser lo mismo Paco León que Picazo por mucho que el primero represente cierta actualidad de nuestro cine y el otro apenas sea reconocido por ese público sin apenas memoria cinéfila. Basta con una obra tan perfecta, inspirada y desgarrada como la La tía Tula para catalogarlo de cineasta mayor. Diego Galán lo calificó de autor desperdiciado, asediado por la censura franquista que arrinconó sus proyectos. Pero queda en la retina La tía Tula con su sobriedad, su expresividad, su concisión, su manera de ir más allá del texto literario del que se parte, gracias a un guión ejemplar en el que participaron José Miguel Hernán, Luis S. Enciso, Manuel López Yubero y el propio Picazo.

Obra maestra indiscutible con escenas antológicas como la de la despedida de soltera donde brillan Irene Gutiérrez Caba o Laly Soldevilla. En ese marco íntimo las mujeres revelan lo que son, lo que quieren llegar a ser, en un velado canto feminista, absolutamente audaz para la época. También hay que admirar la osada secuencia del río, tan naturalista, con baño incluido de Enriqueta Carballeira. Ninguna de estas dos secuencias está en Unamuno y es esto lo que convierte en admirable la película de Picazo, su forma de emerger como obra cinematográfica  autónoma en un contexto de obras mayores del cine español: El verdugo y Plácido de Berlanga, La caza de Saura, El buen amor de Regueiro, Young Sánchez de Mario Camus o Nunca pasa nada de Bardem.

La muerte de Picazo ha tenido escaso eco en nuestros medios, pero su tía Tula contiene más cine, más verdad, que todo ese cine español aparentemente moderno que nos inunda y que es obra de cineastas que jamás tuvieron al filme de Picazo como referencia, como fuente en la que beber y en la que percibir la verdadera huella del mejor cine español.

  1. Estoy de acuerdo con este comentario sobre mi viejo amigo Miguel Picazo.
    La Tía Tula es una joya del cine español.
    Gracias Luis García Gil por llevarnos a tan importantes recuerdos!

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