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Jersey Boys

first-trailer-arrives-for-clint-eastwoods-jersey-boys-watch-now-161177-a-1397808268-470-75Lo de los críticos cinematográficos es de traca. No quiero generalizar pero el caso Eastwood es sintomático de esos bandazos de la crítica que tratan de crear tendencia. Durante los años setenta Eastwood era un fascista que hacía películas fascistas (sic). La periodista Pauline Kael creó tendencia y el cine de Eastwood que ya era un cine de indudable interés fue menospreciado. Llegaron los franceses para decir que Eastwood era muy bueno y a partir de la oscarizada Sin Perdón toda la crítica mundial se rindió ante el maestro, antes vituperado. Y uno pensaba que ya El fuera de la ley era un gran western como había anotado el mismísimo Orson Welles pero no importaba porque antes de Sin perdón el que debía dirigir las películas de Eastwood debía ser un primo adorador de Nixon. Ahora estamos en un momento en el que la crítica vuelve a ponerse de acuerdo en desdeñar cada nueva película de Eastwood. Y uno se encuentra con Jersey boys -su última película estrenada- y sigue viendo al mismo cineasta de siempre con su forma impecable de narrar, de contar una historia, de hacer suyos hasta los filmes de encargo.  En mi caso siempre he sido fiel al cine de Eastwood  y sigo reconociendo -hasta en sus obras más fallidas- destellos del grandísimo cineasta que es y sigue siendo, aún en la senectud que él se sigue tomando como un periodo de conocimiento, de profundización, de admirable energía creativa.

539b30809d85ebfa7cf0a678_jersey-boys-clint-eastwoodEn esta nueva deriva antiEastwood asoman hasta críticos franceses para repudiarlo. El lamentable libro Clint fucking Eastwood de Stephane Bouquet es un ejemplo de ello. Uno al leerlo puede pensar que Eastwood es un tremendo impostor que nos ha hecho creer que sabía dirigir cine. Pero no disparemos contra el crítico ni siquiera contra el infalible Carlos Boyero que en El País puso a caldo Jersey boys con la misma ligereza que antes lo admiraba. Allá Boyero porque yo he disfrutado muchísimo con la película porque es un canto a la música popular a través de la ascensión y caída del grupo de pop americano Four seasons –los Beach Boys de la Costa Este- que despuntó en 1959, el mismo año que Jacques Brel grababa «Ne me quitte pas» y Truffaut alumbraba Los 400 golpes. The Four seasons era un grupo sumamente personal que formaban Frankie Valli (voz principal), Bob Gaudio, Nick Massi y Tommy DeVito. Ellos dan sentido a una época de la canción popular con una serie de grabaciones luminosas y eufóricas. Eastwood filma una época que conoce bien aunque The four seasons pudiera estar alejado de sus gustos musicales.  De cualquier modo no hay en Jersey boys la rutina narrativa que algunos han creído ver ignorando que Eastwood no pretendía hacer una película a lo Martin Scorsese subrayando las relaciones del grupo con la mafia pese a la excelente presencia como capo de Christopher Walken. Jersey boys es ante todo un entusiasta retrato musical de un grupo, con sus éxitos y sus desavenencias y desde ese punto de vista es una película ejemplar, otra joya de la filmografía de Eastwood, tan concisa, tan sutil, tan despojada de artificio, como es habitual en su cine.

The_Four_Seasons_-_The_4_Seasons_Sing_Big_Hits_By_Burt_Bacharach-Hal_David-Bob_DylanEl punto de inflexión de la carrera musical de los Four seasons, su caída en el abismo tiene lugar cuando actúan en el show televisivo de Ed Sullivan porque esa actuación coincide con la fractura provocada por Tommy DeVito y sus deudas acumuladas. El grupo lo irá soportando todo, inclusive la aparición en Estados Unidos de unos chicos de Liverpool llamados The Beatles.  De hecho hasta finales de 1965 se mantienen en las listas de éxitos con canciones como «Let’s hang on». Ese mismo año llegan a grabar hasta un elepé en el que incluyen canciones de Bob Dylan.

Eastwood va más allá del grupo y nos deja algún apunte de la carrera desigual de Frankie Valli en solitario y señas también de su desdichada vida familiar que certifica la muerte de una de sus hijas. Como sucedía en El aventurero de medianoche y la música country Eastwood firma en Jersey boys una encendida oda a la música popular, a quienes hallan en ella una forma de vida y de expresión absolutamente mágica. Tras las canciones, tras los recitales multitudinarios y los fans, la vida prosigue su curso hasta abrirse la caja de los truenos, de los sinsabores. Todo esa suma de alegrías y desazones son pintadas por Eastwood con una clarividencia ciertamente elogiable mientras nos entregamos al falsetto inconfundible de Frankie Valli vinculado a éxitos como «Sherry» (1962), Big girls don’t cry (1962) o «Walk a like a man» (1963).

Los Four seasons eran italoamericanos. Esa cultura la conoció Eastwood en la californiana Oakland donde se crió. Por eso no es ajeno a ese mundo y su mirada no es una mirada desprovista de emoción, de intensidad, de pertenencia a los sentimientos de los personajes retratados, a su propio deseo de salir del barrio y prosperar de una forma u otra.  En Jersey boys vibra una época muy concreta de la música americana y de una televisión en blanco y negro en la que aparecía un jovencísimo Eastwood como parte del reparto de la serie Rawhide. El excelente libreto de Jersey boys se lo debemos a  Marshall Brickman y a Rick Elice.

Frankie-Valli-Four-SeasonsEastwood sigue filmando, como si cada película supusiera una huida hacia adelante que lo alejara de la muerte, de su asechanza, de su amenaza. Filmar para no detener el paso, para no claudicar, para no postrarse.  Esa vitalidad resulta admirable, nutre su cine y forma parte de los compases y latidos de Jersey boys, de la verdad que trasmiten sus imágenes y de la música que dibuja el eco de un tiempo ya pasado que gracias a Eastwood sentimos profundamente cercano.