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Miscelánea



EL ITINERARIO DEL OLVIDO

I

   De noche y agua está mi boca llena
      Pablo Neruda

 ¿Dónde están mis conocidos,
  mi traje viciado, mi sombra vana,
  dónde la luz que se desangra
  en los albores del tiempo?

 ¿Dónde están los pájaros,
  los mecenas tristes de la noche,
  dónde está mi boca quejosa y umbría,
  pétalo roto que el viento destrona?

 ¿Dónde está mi casa, dónde mi cetro,
  dónde mi cuna de madera, dónde mi estrella,
  dónde el racimo de tu mirada,
  dónde la vida que tú me dabas?

   II

 ¿Por qué viajo de tal modo,
  sin yelmo y adormecido,
  qué busco en estas regiones,
  en esta querencia de lunas,
  sintiendo cómo hiere la vida,
  cómo quema el recuerdo,
  cómo tus pasos quiebran,
  cómo tu errante sombra
  vaga por el cementerio,
  cómo busco tu nombre,
  cómo duele tu olvido…?

   III

 Resido donde claman los pinos
  presintiendo la fatiga de los pájaros,
  retornados del corazón roto, sufrido,
  de las muchachas que deambulan
  por la agonía intensa de los puertos.

 Y sé que la noche, terrenal, sedienta,
  azuza en los vestidos de las ninfas,
  las convoca al silencio de la vida,
  las condena a danzar por los eriales,
  donde nada se anuncia ni se tiene.

   IV

 Hay lágrimas que acechan insidiosas,
  y dormitorios donde habitaron
  todos los muertos de este mundo,
  tanto sollozo de humo recorriendo
  los pasillos de tu boca desasida,
  donde los besos invisibles luchan
  por encontrarse, por revivirse,
  no quedando más que el silencio,
  el vasto ejercicio del tiempo,
  en los desarmados almanaques,
  en el viento terrible del otoño.

   V
  Ya nos lleva la vida por la senda entenebrada,
  solos ante la destrucción de cuanto amamos.
      Felipe Benítez Reyes

 Si alguien recorriera la yerma desazón
  de estos oscuros patios en donde vivo,
  y supiera el precio de la vida que arremete
  implacable contra el fortín de los estantes,
  robando mis libros, compañeros furtivos,
  haciéndome subir a la más alta torre,
  para que con mi soledad libere a los astros,
  para destruir cuanto amo, cuanto pueblo,
  para que mis ojos miren la fatigosa senda
  de los caballos muertos en los combates,
  los blancos pelajes cubiertos de sangre,
  la trémula estampa del animal vencido,
  para que asuma los barcos que zozobran,
  la implacable ley que gobierna los mares,
  la ley del temporal, el aullido de la espuma,
  el marinero ahogado en medio de la nada.

   VI
 

Mi padre duerme. Su semblante augusto
  figura un apacible corazón…
      César Vallejo

 Busco a mi padre en los abismos
  de este tiempo feroz que me hiere,
  y hay lechos y espejos derrumbados,
  en el aliento varado de la noche,
  sin cuerpos que los dicten,
  sin luna que los llame,
  sin amantes que los cubran…

 Porque la vida pasó y se ha ido,
  y nada queda en esta suma de llagas,
  en esta muerte de sueños y latidos,
  acaso sólo un corazón que recuerda
  la sábana inmensa regando las horas,
  acaso sólo el desvaído eco de una caricia,
  una mano leve demorando el llanto.

   VII

 Perder tu nombre que me da nombre,
  perder el clamor del pájaro en la rama,
  perder mi casa, perder mis señas,
  perder el vientre de tu sonrisa,
  perder el tiempo en arruinarse,
  perder tu boca que vibra en cimas,
  perder la noche de los deseos.

 Perder la estrella que ensaya en tu pelo
  el modo de perdurar, de abrazarse
  a los dictados enormes del corazón,
  perder mis trajes, mis herramientas,
  perder el suelo, perder el árbol,
  perder la vida y hallar la muerte,
  perderlo todo, morirse sólo…

   VIII

 Fugaz tentativa la del amor,
  la del deseo, la del pájaro
  que alza sus alas al cielo,
  y luego se derrumba sin remedio.

 Fugaces son mis asoladas manos,
  tumba abierta sobre las sábanas,
  fugaz es este susurro desnudo,
  este irse sin haberse ido que voy siendo.

 Fugaz será mi vida que grita, que lucha,
  mi vida que será territorio de las sombras…

 

 


 

 

  Para el amor
  Zitarrosa
   El llanto de las palabras
  Evocando a Antoine Doinel
   Calle Castelar, 52
  El itinerario del olvido
   Árbol 
   Bandada de pájaros
  Escrito en la arena
  Palabras para Julio Mariscal
   
 
   
 Luis García Gil. 2005