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Irrational man

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«Podría darle, fácilmente, diez razones diferentes para matar a cien personas cada día. Pero somos adultos, dejemos que lo hagan los abogados por nosotros».

Cita de Woody Allen.

El gran crítico americano Vincent Canby lo tuvo claro desde el principio mismo de la filmografía de Woody Allen y lo escribió en el New York Times. Había nacido el autor más auténtico, más serio, más sólido del cine americano. Todo comenzó oficialmente con Toma el dinero y corre en el año 1969. En estos días acaba de estrenarse Irrational man, la última perla del cineasta neoyorkino que a película por año sigue con su vertiginoso modo de entender el cine.

En 1989 Woody Allen dio a luz una de sus obras maestras: Delitos y faltas. Revisarla en estos días otoñales tiene su sentido porque Irrational man tiene muy presente esa referencia como también la tenía Match point. Allen constituye una excepción luminosa como cineasta. Alguien que ha sido capaz de construir una obra absolutamente personal, sin intromisiones ni injerencias externas. En Irrational man no hay sólo un despliegue de citas filosóficas vinculadas al protagonista -profesor de filosofía a la deriva- sino un regreso gozoso a uno de los genios de la literatura rusa, al Dostoievski de Crimen y castigo, piedra angular de las reflexiones de Delitos y faltas. 

En Allen el drama de filiación bergmaniana ensayado en Interiores o en Otra mujer es historia. Por eso Irrational man, que podría decantarse por una vía más descarnada, fluye armoniosamente, sin querer tomarse demasiado en serio pese al existencialismo dominante en el personaje principal. En este caso el personaje que encarna Emma Stone -nueva musa alleniana- supone un evidente contrapunto, una forma de explorar los grandes temas existenciales desde una perspectiva más liviana. No estamos ante una comedia pero tampoco ante un drama y en ese equilibrio de fuerzas Woody Allen logra nuevamente proyectar una película admirable aunque no alcance la conmoción ni el consenso que supuso la muy osada Delitos y faltas. En esta etapa de su cine Allen asume su condición de cineasta crepuscular lejos de la modernidad que se le otorgaba en los noventa cuando filmó Maridos y mujeres o Desmontando a Harry. En cierto modo Irrational man trata también del riesgo, de la condición humana, de ese reverso umbroso que forma parte también de nuestra naturaleza. En las anomalías del profesor Abe hay lugar incluso para el asesinato, para la elaboración de un crimen perfecto que sitúa la película en la senda de Extraños en un tren de Patricia Highsmith y de las exploraciones hitchconianas.

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Como ha apuntado Ángel Quintana Allen tiene la virtud de convertir cualquier comedia de apariencia ligera en una reflexión oscura y pesimista sobre la condición humana.  Irrational man vuelve a ser además una reflexión sobre el azar, sobre la búsqueda de la felicidad, sobre la moral y la conciencia. En ese camino ayuda y mucho la excelente interpretación de Joaquin Phoenix, otro de esos actores que al encontrarse con Allen ofrecen la mejor versión de sí mismos.

Dice Allen que para él las películas son valiosas como formas de arte y como una forma popular de entretenimiento. En Hollywood ese equilibro se ha terminado rompiendo a favor de una inane industria del espectáculo. En ese contexto una película del talante y del talento de Irrational man constituye un milagro a celebrar, una película donde de pronto conviven Kant y Emily Dickinson como parte de ese torrencial mundo de referencias vitales del cineasta neoyorkino.

Después está la crítica tan redundante, la que lleva años despreciando este Allen susurrante, de aparente perfil bajo, incapaces de advertir la grandeza de un cineasta de incesante creatividad en cuyo tablero imaginario desfilan los grandes temas de la vida. Irrational man se sitúa ademas entre sus mejores películas de los últimos años,  acariciada además por la melancólica luz fotográfica de Darius Khondji, que se ha consolidado como hombre de confianza del cineasta que alumbró Manhattan y Annie Hall, dos obras mayores del cine de los años setenta.

  1. No dudo ni un momento de lo acertado de mi decisión de seguir este blog por lo que disfruto leyendo cada uno de tus artículos y , sobre todo, por la información y el descubrimiento que se adquieren a través de ellos de tantas y tantas cosas desconocidas, al menos, para mí.

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