Jacques Brel, una canción desesperada (Editorial Milenio, 2009)

Nadie puede ser el mismo después de escuchar a Jacques Brel, uno de los grandes nombres de la canción francesa junto a Georges Brassens o Leo Ferré. Pocos hacedores de canciones de la música popular del siglo veinte pueden ser comparables en genio e intensidad al cantautor belga. Una canción como "Ne me quitte pas" refleja por sí sola el torrencial creativo de Brel. No es extraño que una y otra vez sea elegida como una de las grandes canciones de la pasada centuria por encima incluso de algunas de las canciones históricas de Los Beatles.

Jacques Br

el, una canción desesperada no es sólo una biografía del artista sino una profundización en sus textos, en su evolución creadora, en canciones que él nunca considero poesía pero cuyo valor lírico resulta incuestionable. Por las delicadas páginas de este libro se pasea el cantor desesperado que amaba las revelaciones de la infancia, pero también el hombre que un día decidió retirarse de los escenarios y refugiarse como Gauguin en la isla de las Marquesas. Brel le cantó a su país llano, caricaturizó a los burgueses y exaltó la amistad. En su obra se alternaron capítulos de desamor con otros en los que la soledad, la vejez y la muerte hicieron acto de presencia. Todos los Brel inimaginables están en este libro.

Jacques Brel fue un artista total cuyo ejemplo sigue vivo y al que han cantado los más diversos artistas desde Frank Sinatra a David Bowie. En España ha ejercido influencia en los más diversos cantautores e intérpretes, desde Joan Manuel Serrat a Joaquín Sabina. Este libro desentraña también esas influencias que han hecho de Brel un cantautor de referencia, autor de obras maestras como "La Fanette", "Les vieux" o "Orly".

Núria Martorell dedicó el siguiente reportaje en El periódico de Catalunya a Jacques Brel, una canción desesperada:

Luis García Gil no se ha limitado en su último libro a subrayar el vuelo poético del imprescindible Jacques Brel, que ya es mucho. Su objetivo, y lo ha conseguido, ha sido vincular las letras de este cantautor con la apasionada biografía de un artista que, curiosamente y según explica en Jacques Brel, una canción desesperada, «siempre consideró a la canción como un género menor con demasiadas limitaciones como para merecer la distinción de poema».

Tras adentrarse en el cancionero de Joan Manuel Serrat y Atahualpa Yupanqui, dedicar una obra al cineasta François Truffaut, un documental a su padre, el también poeta José Manuel García Gómez, y publicar La pared íntima y Las gafas de Allen, García Gil dedicó todos sus esfuerzos en profundizar en la vida y obra de este cantautor belga (pero auténtico icono de Francia) que murió como Gauguin en las Islas Marquesas, en 1978, retirado ya de los focos.

Del triángulo de la chanson completado por Leó Ferré y Georges Brassens, ¿por qué se fijó precisamente en Brel? «Porque es un artista fundamental para entender la canción de contenido literario del siglo XX. Me atrajo su personalidad poética y cómo su obra no pu

ede separarse de su vida. Canciones como Ne me quitte pas y La Fanette no pueden explicarse sin atender a la biografía de un hombre que sufrió por amor y que plasmó esa desesperación en sus creaciones. Él me pareció el más apasionado y apasionante; el más lírico y arrebatado. El que mejor dominaba la interpretación. Era un gran animal escénico, de la escuela de Yves Montand y Edith Piaf».

García Gil viajó hasta Bruselas, donde se halla la fundación Brel, y se empapó de documentación y vestigios de su admirado artista. Conoció in situ las raíces de alguien «a quien tildaban de antipatriota, y la ultraderecha acusaba de renegar de su país, pero no era cierto».

El autor analiza también como influyó en cantantes internacionales como Sinatra, David Bowie, Sting, Franco Battiatto y Ute Lemper, que cantaron sus piezas, así como en españoles de la talla de Joaquín Sabina, Pi de la Serra, Paco Ibáñez, Loquillo y, sobre todo, Serrat, «el que mejor explica esa influencia. Siempre le ha citado como referencia y Helena, una de sus joyas, tiene ese punto de desesperación y ese crescendo tan típico de Brel».

Para García Gil, Brel es «el eterno Quijote de canciones tan desesperadas como eternas». De hecho, se interesó tanto por el personaje cervantino que creó y protagonizó un musical sobre el caballero de la triste figura. «El también era un defensor de la utopía», subraya. Y en su «proceso de investigación», ha descubierto que cantó una sola vez en España, «aunque muchos biógrafos dijeran lo contrario, dada su oposición al franquismo». Concretamente fue en el Emporium de Barcelona, en 1960.

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