SERRAT EN ESENCIA

Algunos recordarán el primer recital de Joan Manuel Serrat en nuestra ciudad, en el recordado Cortijo de los Rosales. Era el mes de agosto del año 1969. Unos meses antes el cantautor había grabado en Milán su disco dedicado a Antonio Machado. De aquel cantautor bilingüe de veintitantos años que cantó en Cádiz en 1969 y que era ya todo un fenómeno popular, al artista referencial de hoy, han pasado treinta y seis años, y podemos decir que Serrat sigue con el mismo espíritu de antaño, con ese sentido poético y ético que prevalece en su obra. La canción, para Serrat, siempre ha sido una expresión artística que exigía un compromiso constante con el oyente. Y con ese compromiso ahí sigue, y miren ustedes que ha habido, desde aquel 69 de “luche y vuelve” – como cantara en “ La Montonera ”- baladas de otoño, tiempos de lluvia empapando los cristales, conversaciones con la noche y con el viento y canciones infantiles con las que hemos acunado las ilusiones de cada día.

Si algo posee Serrat es una vigencia que ha permitido que sus canciones permanezcan vivas y sigan abriéndose paso entre las nuevas generaciones, al menos aquellas más sensibles que, como quería Cortazar, no confunden lo actual con lo moderno. Quien esto escribe no creció con las canciones de Serrat sino que forma parte de ese público que conoció su obra como una herencia musical y sentimental que se trasmite de padres a hijos o de hermanos mayores a hermanos pequeños, como un patrimonio que pasa de generación en generación y que nos pertenece a todos.

Esta noche Serrat volverá al Teatro José María Pemán y volverá a sentar cátedra sobre cómo debe manejarse un artista en un escenario. No faltarán las canciones de siempre pero junto a ellas habrá canciones que desplegarán emociones muy particulares como cuando nos cante su “Romance de Curro el Palmo”, que parecerá traernos la memoria de su propia infancia, de su madre Ángeles Teresa cantando coplas mientras hacía las faenas de la casa y el niño Serrat tomaba desde el Poble Sec barcelonés el tranvía hacia la playa de Can Tunis ( temps era temps ).

Las canciones de Serrat se presentan en esta gira ligeras de equipaje, con la dificultad de la sencillez bien entendida. Estos recitales se ubican en el otro extremo de la experiencia sinfónica anterior y la voz del cantautor sonará más desnuda que nunca, con el único acompañamiento de su propia guitarra y del piano del maestro Ricard Miralles, sin cuya aportación no podría concebirse buena parte del legado serratiano. Habrá piezas esta noche que hacía tiempo que Serrat no interpretaba como “Menos tu vientre”, “Tu nombre me sabe a hierba”, “Señora” o “Esos locos bajitos” dentro de una selección que sin tener pretensión antológica abarcará distintas etapas de su trayectoria. Habrá la emoción del reencuentro tras el paréntesis de su enfermedad, habrá, con total seguridad, una ovación desmedida al trovador que vuelve a estar donde solía. El caso es que la ternura de Serrat volverá a habitar entre nosotros. Y una vez concluya este nuevo encuentro con su público y nos persigan los ecos de “Fiesta”, de la “Saeta” o de “Lucía” – instantes finales, culminantes de tantos de sus recitales- seguiremos imaginando un futuro, como decía Antonio Muñoz Molina, donde sigan latiéndonos sus canciones. A ellas siempre volveremos con la certeza de que sus palabras y sus melodías, encajadas en lo más profundo, nunca nos traicionarán. A ellas seguiremos encallando, como a un puerto seguro, esperando, mientras tanto, el día y la hora de su próximo recital y aguardando con expectación esas nuevas canciones en catalán en las que ya está trabajando, canciones que han vuelto a pulirse, como acostumbran, a las orillas del mar. En fin, gràcies, per tot, Joan, y hasta el próximo encuentro.

Artículo publicado por Luis García Gil en Diario de Cádiz.

 

 

 

 
 Luis García Gil. 2005