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Serrat, Material Sensible

Presentación de Luis García Gil del libro de David Escamilla Serrat, Material Sensible. Lugar: Baluarte de la Candelaria de Cádiz. Fecha: 11 de septiembre de 2006.


Conocí personalmente a David Escamilla el pasado mes de mayo en Barcelona. Nos citamos en ese punto de encuentro ineludible que es la cafetería Zurich en plena Plaza de Catalunya. Ya con antelación habíamos intercambiado diversos correos electrónicos en los que la poesía y la canción caminaban de la mano. En este primer encuentro confirmamos que teníamos muchas cosas en común y planteamos la hermosa posibilidad de apoyarnos en los proyectos que pensabámos encarar en el futuro. A veces uno tiene la sensación de que hay personas que conoce de toda la vida aunque recién hayan aparecido en tu camino. Bastan unas palabras de introducción, una conversación pausada, un café de por medio, para darse cuenta de ello. Esto ocurre también (salvando las lógicas distancias) en el amor. De pronto la persona que esperábamos, que pensábamos que no iba a aparecer nunca, se nos aparece de improviso ( “es caprichoso el azar”) y entonces el tiempo se detiene y la felicidad parece posarse como un pájaro radiante y luminoso en el alféizar de nuestra ventana. Amistad y amor, amor y amistad, dos palabras tan importantes y sin las que la vida carecería totalmente de sentido.

La amistad con David Escamilla es otra de las felices consecuencias de la publicación de mi libro sobre Joan Manuel Serrat, un libro que me ha permitido entrar en contacto con una serie de personas vinculadas estrechamente de una manera o de otra al universo poético, musical o personal del cantautor catalán. En el trabajo previo o en la repercusión posterior del libro he coincido y contactado con personas que me han enriquecido enormemente y con las que tengo muchos deseos de trabajar y enfocar proyectos en el futuro. Para mí supone un honor estar aquí esta tarde presentando este libro sobre Serrat de David Escamilla después de haber tenido la ocasión de disfrutar de la proyección de su documental “Mar de invierno”, al que tan vinculado me siento. Del cine a la canción como podríamos viajar de la canción a la poesía o de la poesía a los medios de comunicación porque en David Escamilla encontramos una personalidad inquieta y renacentista, un viajero infatigable que no cesa de explorar distintos campos y que no deja de interrogarse y de buscarse a través de distintos medios expresivos. Sus ojos parecen estar siempre alerta, siempre presta la mirada para proyectar algo, para dibujar alguna cosa que pueda permanecer, que pueda fijarse en el tiempo o más allá de él, porque ese es el objeto de la creación, una manera de eternizarse, de quedarse en eso que prendemos como una llama eterna en la obra acabada, aunque Paul Valery nos advirtiera que las obras se abandonan pero nunca se acaban del todo porque esa es la razón del arte, el ejercicio de proseguir, de hacer camino, de seguir indagando y encontrando. “En la vida todo es ir”, tal como dejara grabado en 1975 el cantautor puertorriqueño Roy Brown.

Como poeta David Escamilla ha publicado varios libros en los que ha ido creciendo su madurez expresiva. Su primer libro se llamó La casa del temps (La casa del tiempo) que casi podríamos decir que engloba en su sugeridor título a todos los demás. Una casa en la que cada habitación nos podría convocar a una historia, a un sentimiento, a una música que emerge del recuerdo, a un niño que camina por un pasillo y nos trae de la mano una infancia cristalina o al hombre que trae en su semblante una historia compartida de ilusiones y pérdidas. Todo cabe en esa casa desde una habitación cerrada a cal y canto donde duermen las personas amadas que ya no están o el tacto de una sábana que simboliza un amor perdido en una noche fatídica. Y también cabe la felicidad que siempre queda, que siempre llega y a la que el poeta no puede renunciar. Se cantará lo que se pierde, como dirá Antonio Machado, pero también cabe cantar lo que se tiene, aquello que no quisiéramos perder jamás como ese sol que todas las mañanas viene a encendernos el rostro para que echemos a caminar por el sendero de un nuevo día.

El primer libro de poemas de David Escamilla lo prologó Joan Manuel Serrat que hoy nos vuelve a convocar aquí. Luego llegaron otros títulos. En la poesía de Escamilla puede advertirse una voz que más allá de las referencias nada ya en aguas absolutamente personales e intransferibles. David ha encontrado eso tan difícil que es lo que suele llamarse “una voz propia”. Esto es especialmente evidente en su último libro de poemas titulado “Las edades del frío”, que ha contado con prólogo del gran poeta catalán Joan Margarit. Quizá no pueda elegirse mejor carta de presentación en la poesía catalana contemporánea que la que puede ofrecer Joan Margarit. Toda la obra poética de David Escamilla está publicada en catalán pero su deseo es que estos poemas puedan ver la luz en castellano en una edición bilingüe. Y seguro que ello se hará realidad muy pronto.

Pero aunque podríamos hablar más tiempo del David poeta e internarnos en otros libros que ha publicado, algunos como los que ha dedicado a otros cantautores de la Nova Cançó como Raimon o Lluis Llach. Y aunque incluso podríamos conversar sobre la poética que camina en cada uno de los planos de su documental Mar de invierno que acabamos de visionar o introducirnos en su faceta de cantante, lo que ahora nos trae aquí es su libro Serrat, Material sensible . Escribir sobre Serrat ya es una declaración de intenciones en sí misma, una opción ética y estética. Si a uno le gusta Serrat ya tiene un camino ganado en muchos sentidos. Porque soy de los que piensa que las canciones de Serrat nos hacen mejores como la obra de todos los grandes creadores nos hacen mejores a todos. Además David Escamilla nos trae en su apellido reminiscencias de la propia senda biográfica del cantautor, de la prehistoria musical del noi del poble sec, antes de convertirse en lo que se convirtió, en un referente, en un espejo para muchos, muy a su pesar. Porque fue el padre de David, Salvador Escamilla quien difundió por primera vez a Serrat desde su exitoso programa de radio que presentaba en Radio Barcelona, allá por los años 60. Salvador Escamilla recordará una y otra vez a aquel chico tímido con el pelo corto que apareció un buen día por los estudios de Radio Barcelona con su guitarra al hombro. Esa guitarra a la que cantaría en una de sus primeras canciones en catalán diciendo aquello de “Primero los amigos llegan/ cuando los amigos se van/ sólo queda una guitarra para hacer de acompañante/ Ahora el amor llega/ después el amor se va/ Sólo queda una guitarra y su canto que llora…” Aquel muchacho del Poble Sec llegaba con los ojos cargados de ilusiones, con sus primeras canciones y tomaba aquella guitarra entre sus manos, como un juguete trémulo, con enorme inseguridad, sin atreverse siquiera a alzar los ojos de su instrumento para no descentrarse, para no perder pie.

Aquella imagen de Serrat llegando a Radio Barcelona para cantar debía ser muy parecida a aquella histórica instantánea de su primera llegada a Madrid que ilustra la portada del libro sobre el cantautor que escribiera Manuel Vázquez Montalbán en los primeros años 70. En aquella voz, en aquellas primeras canciones de fuerte carga lírica y emocional, Salvador Escamilla ya intuía que se encontraba ante un cantautor que iba a marcar un antes y un después en la canción que se hacía en aquella España apelmazada y triste en tantos sentidos. Aquella forma de expresarse, de entregar las canciones, de derramarse, aquella escuela mitad Brel, mitad Aznavour con algo de copla materna y tango paterno, sólo podía desembocar en el éxito absoluto, un éxito que nunca significaría caer en la tentación de lo fácil, de la canción liviana y sin contenido. Serrat sabrá ser popular sin perder calidad en el intento. Su compromiso con el que escuchaba al otro lado debía ser absoluto. Nada de vender las palabras y los versos al mejor postor. Cantar debía ser una forma de penetrar en el corazón humano, desde la dignidad y el talento. Y Serrat nunca olvidará esos comienzos y todo lo que le debía a Salvador Escamilla al que siempre le ha dado probadas muestras de su afecto. De algo de eso podrá hablar David esta tarde.

Serrat, Material sensible es un libro pequeño en extensión pero grande y hermoso en intenciones, un libro en el que queda resumida perfectamente la dimensión humana y artística del cantautor catalán. Manuel Vázquez Montalbán decía en 1969 que la mejor entrevista que se le podía hacer a Serrat era simplemente no hacérsela. El escritor barcelonés había perseguido por “tierra, mar y aire” a Serrat para entrevistarle en su libro A ntología de la Nova Cançó Catalana , ejemplar que hoy se cotiza alto – doy fe- en las librerías de viejo de Barcelona. Pero tal persecución a Serrat había resultado de todo punto infructuosa. Hacerle una entrevista a Serrat en aquel entonces podría ser una forma como otra cualquiera de morir en el intento. El cantautor cargaba con su imagen de ídolo de fans, empezaba a rodar películas que comprimían aún más su agenda personal y tenía como representante a Lasso de la Vega que sometía a Serrat a un régimen de trabajo ciertamente agotador. Mientras Serrat se iba adentrando en la época más creativa de su carrera – los años 70- resultaba más complicado acceder a él, encontrar la calma y el sosiego suficientes para entrevistarlo, para lograr hacerle entrevistas con contenido. Se la harían gente como Baltasar Porcel para Destino o Maruja Torres para Fotogramas o nuestro Paco Perea que lo entrevistaba con maestría para Diario de Cádiz cada vez que Serrat venía a cantar al Cortijo de los Rosales o al Teatro Andalucía de nuestra ciudad.

De entonces a hoy Serrat ha concedido multitud de entrevistas. No siempre el entrevistador conoce a fondo al personaje entrevistado y esto se nota en demasiadas ocasiones. Siempre planean las mismas preguntas, los mismos tópicos y lugares comunes. Pero a veces se produce el milagro y las preguntas toman el rumbo y el cauce esperado. No hay ninguna pregunta de David Escamilla a Serrat en su libro que sobre, que sea superficial, que suene a repetida o a reincidente. Se nota desde la primera pregunta a la última que David Escamilla conoce a fondo el material sensible que conforma la obra del cantautor. Hay preguntas que versan sobre el destino y el azar, sobre la música en directo y la tomadura de pelo que constituye la música en playback, sobre las heterogéneas influencias musicales y literarias del cantautor, sobre la perdurabilidad de sus canciones y la forma que tiene de trabajar en ellas, de concebirlas. Son preguntas que nos ayudan a internarnos en el Serrat creador, en sus inquietudes, en su manera de entender la vida y el arte, a veces tan parejos. El libro se acompaña de una síntesis biográfica de Serrat y de una breve y certera reseña de Joaquim Villarnau de cada uno de sus discos, desde su elepé inaugural Ara que tinc vint anys a su última obra que tan buena acogida ha tenido en toda España. A ello sumar las interesantes fotografías que podemos encontrar en el libro, muchas de ellas del archivo personal del cantautor, algunas firmadas por Josep Puvill o Colita que ayudaron a conformar toda una iconografía del cantautor en los años 60 y 70.

Cualquiera de los que pensamos que en el futuro se seguirán escuchando las canciones de Serrat, como ese patrimonio artístico que ha de pasar indeleble de generación a generación, nos alegramos que sigan llegando obras que enriquezcan la bibliografía del cantante. Serrat, Material sensible es una de esas obras. Y para mí, como ya he dicho, es un placer estar aquí con mi amigo David presentándola, haciendo realidad un proyecto que nació en el mes de mayo en Barcelona y que lo ha traído hasta Cádiz, para presentar su Mar de invierno y este pequeño gran libro sobre Joan Manuel Serrat. Espero que sigamos, querido amigo, coincidiendo en proyectos e ilusiones, cruzándonos poemas que se queden fijados a la senda que habitamos y pisamos, sumando sensibilidades y desplegándolas como si fueran las alas de un sueño. Tuyo es ahora el testigo de la palabra. Muchas gracias a todos.


 

 

 

 

 


 

 

 Luis García Gil. 2005