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EL PLANETA SIN AMBICIÓN NI ESTILO

EN EL MUY ACONSEJABLE BENET, LA AMBICIÓN Y EL ESTILO (Ediciones del viento, 2018) Rafael García Maldonado hace en sus primeras páginas un diagnóstico muy certero de nuestra narrativa actual, alejada de lo que Benet llamaba Grand style con pocos ejemplos de profundidad –algunos hay- y con demasiada vulgarización y demasiado best seller grosero. Parecía resumir la tendencia que desde hace mucho marca un premio como el Planeta y otros galardones de corte y confección parecido.

En otro tiempo el Planeta parecía un premio más noble, capaz de encumbrar una novela magistral como La canción del pirata de Fernando Quiñones, modélica en su manera de aproximarse a lo que se da en llamar novela histórica, un género que se ha banalizado hasta extremos insospechados, pero otorga réditos. Lo sabe bien Posteguillo ganador del Planeta, no sabemos si en justa lid que el rimbombante galardón no huele demasiado bien desde hace mucho.

La finalista del Planeta ha sido la hija de Fernando Sánchez Dragó que a su vez fue finalista y ganador. No hace falta tirar del hilo para pensar que el Planeta es un premio dudoso en el que almas cándidas mandan sus manuscritos pensando que van a competir en igualdad de condiciones.

Pero no importa, hay quien se rasga las vestiduras por el aluvión de másteres falsos y corruptelas varias, pero no entra en los premios literarios cuya transparencia deja bastante que desear. El Planeta cuenta con el glamour y la aquiescencia de periodistas gregarios que acuden al sarao sin importarle si hay tongo o no. Son parte del tinglado, indudablemente, sin espíritu crítico alguno.

Hace tiempo defendí a los escritores sin premios de honestidad inexpugnable y entrega al oficio. Quedan algunos. Ni Onetti ni Julio Ramón Ribeyro ganaron el Planeta, ni falta que les hizo. Son dueños de una literatura eterna sin necesidad de haber participado de ciertos espectáculos que nada tienen que ver con la escritura palpitante y verdadera. Claro que debe existir el Planeta y el marketing desaforado de los libros para que la cosa se siga sosteniendo en un país ágrafo y en el que se publican demasiados libros. Pero eso nada tiene que ver con la literatura que ha de defenderse con uñas y dientes. La del Grand Style de Benet. Que no es, precisamente, la que el Planeta premia cada año, a bombo, platillo y estruendo mediático.