en Cine

El francotirador

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Si volvieran los muertos/no te reconocerían, ciudad/manchada por el desastre/ capital del vacío/ Fluye la noche inerme, continúa/ su infinito desplome/ envuelve las ruinas/ con un nuevo dolor que lo cubre todo…». Viendo El francotirador, la devastación de la guerra, de todas las guerras, me acordé de estos versos del poeta mexicano José Emilio Pacheco. Y pensé que Clint Eastwood había vuelto a hacerlo, había vuelto a parir una obra maestra, a pesar de quienes ahora lo critican con la misma gratuidad que antes lo alababan.

El francotirador se ha entendido mal por quienes basan sus argumentos en prejuicios ideológicos, algo que ya persiguió a Eastwood a principios de su carrera. ¿Qué hubiera dicho Pauline Kael de El francotirador? Es fácil de pensar. Volvería a llamarlo fascista y reaccionario. En donde unos creen ver una oda patriotera y militarista yo lo que veo es dolor y lo que contemplo es un héroe o supuesto héroe militar llamado Chris Kyle con un fondo trágico porque de ninguna guerra se regresa intacto, porque nadie que mata -aunque sea en nombre de la patria- puede volver a ser el mismo.

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Y sí El francotirador tiene mucho de western y mucho de desasosiego. ¿Cuántos westerns enmascarados forman parte de la filmografía de Eastwood? Muchos, ciertamente. Están en su cultura, en su mitología, en su manera de sentir la cultura americana. El propio Chris Kyle era un cowboy que participaba en rodeos y que decide alistarse en la Guerra de Irak en el nombre de Dios y de la patria. Él se cree un salvador, un héroe, una leyenda pero detrás de esa fachada falsamente heroica hay algo que se está rompiendo, algo que tiene que ver con la devastación de la guerra que infringe su marca doliente en los combatientes y en sus familiares, en esa puerta que cierra Taya (la mujer de Chris) en un plano premonitorio que es hijo de la cadencia, de la magistral caligrafía cinematográfica de Eastwood. Y donde unos han visto un retrato hagiográfico de Kyle (magnífico Bradley Cooper) yo veo todo lo contrario.

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El cineasta sigue a lo suyo con esa prodigiosa manera de contar historias, de componer a su modo un fresco de la historia americana más reciente y más traumática. American sniper se sitúa entre sus grandes obras a pesar de los miopes. Y no es un canto belicista, ni mucho menos. Eastwood trata de comprender a Chris Kyle pero no lo justifica. En cierto modo Kyle personifica cierta América instintiva, visceral, que no es precisamente digna de encomio. Por eso mismo en ese contexto podemos ver a otros soldados que están muy lejos en sus afirmaciones de la épica del patriota ciego. Uno de ellos lo deja claro y llega a decir que la guerra te electrocuta, que el mal está en todas partes como agresiva ponzoña. Como ha dejado claro Eastwood «el mayor alegato antibelicista que una película puede hacer es mostrar lo que la guerra hace a las familias y a los soldados que tienen que regresar a la vida civil, como hizo Chris Kyle».

Y en la puerta que Taya (Sienna Miller) ha cerrado, en ese fundido en negro se cobija un penúltimo plano cargado de simbolismo. Hemos visto el horror, la muerte, la destrucción y vemos también las exequias del héroe que muere a manos de quien no ha podido superar la desoladora experiencia de la guerra. Patria, patria de lágrimas, mi patria (volvemos a José Emilio Pacheco citando en el poema antes citado a Guillermo Prieto…)

Eastwood lo ha filmado todo con precisión, sin tomar aparentemente partido, adentrándose en los más sombríos espacios de un relato que no deja indiferente y te hace pensar en ese héroe herido en lo más profundo de su ser. Como en todo gran filme de Eastwood hay una complejidad intrínseca, más allá de las apariencias.  Con El francotirador el viejo cineasta californiano lo ha vuelto a hacer.

OFF THE RECORD: Entre las reseñas más lamentables que se han hecho de la película destaco una de Rubén Higueras en The Hype donde el crítico alude a la zafiedad discursiva de El francotirador (sic) y se permite abanderar un movimiento revisionista del cine de Eastwood como forma de desprestigiarlo. Higueras funda su crítica en motivos ideológicos -así se atacaba a John Ford- y se permite señalar que Eastwood es un cineasta sobrevalorado otorgándole a los guiones el mérito de aquellas películas que el crítico considera más avanzadas ideológicamente. Como si Eastwood no controlara todo lo que filma, algo que cualquier mínimo conocedor de los entresijos de su cine sabe desde que el cineasta fundara Malpaso y se lanzara a rodar películas tan arriesgadas como Primavera en otoño, Bronco Billy, El aventurero de medianoche o Bird, por citar películas que no se sitúan en esa corriente interesada de encumbramiento del cineasta que nace con la oscarizada Sin perdón. Para rematar su faena Higueras se permite citar a John Carpenter como cineasta de referencia clasicista por encima de Eastwood.

En el otro extremo me quedo con esta magnífica reseña de Eduardo Flores en su blog. Su entrada se titula El héroe humano de Eastwood.