en Poesía

El año pasado murió Bécquer

Empiezo el año leyendo la excelente biografía de Gustavo Adolfo Bécquer del profesor Joan Estruch Tobella, experto en el poeta sevillano. ¿Cuándo fue aquella primera vez que leí en tarde solitaria de adolescencia “Volverán las oscuras golondrinas”? Aquellas rimas y leyendas floreciendo dentro de uno mismo. Aquel Bécquer o la melancolía conferenciado por mi padre en un tiempo lejano, aquel Bécquer cantado por Paco Ibáñez («Volverán del amor en tus oídos/ las palabras ardientes a sonar») o por aquel Benito Moreno, también sevillano, que le dedicó todo un disco grabado en los estudios Sonoland de Madrid en los días de la Inmaculada Concepción y Navidad del año 1979. ¿Quién lo produjo? ¿No lo adivinan? El impar Gonzalo García Pelayo en una de sus muchas producciones Movieplay para la serie Gong. Cabe imaginar a Benito Moreno paseando por el Barrio de San Lorenzo de Sevilla y conversando sobre Bécquer con José Luis Ortiz de Lanzagorta antes de grabar “Del salón en el ángulo oscuro” o “Porque son, niña, tus ojos” o “Los suspiros son aire”.

Bécquer en la voz de Amancio Prada («Yo soy un sueño, un imposible/ vano fantasma de niebla y luz/ soy incorpórea, soy intangible/ no puedo amarte, ¡Oh, ven; ven tú!») o en los libros iluminadores de otro sevillano, Rafael Montesinos, tan becqueriano él en forma y fondo. Tenía Montesinos siete años cuando oyó recitar por primer vez estos versos del poeta: «Cuando me lo contaron sentí el frío/ de una hoja de acero en las entrañas»

¿Cuántas veces hemos nombrado a Bécquer entre poetas o hemos buscado su fantasma en la niebla imaginada de Sevilla? Bécquer en la voz del actor Julián Mateos en un disco de 1969 con música de Chopin e ilustración musical al piano de Pedro de Lerma. El mismo Julián Mateos que descubro en una cinta maldita del cine español de los años sesenta, titulada Los flamencos, puro desgarro de amor y cante.

Las vidas de un poema, las vidas de Bécquer en una rima, el amor soñado, el amor imposible, el amor que se tiene, el amor que se pierde, el amor que desmorona la cordura, clásico o romántico, puro o pérfido.  «Qué es poesía…? ¿Y tú me lo preguntas?: Poesía eres tú» Qué maravilla vivir en los pronombres. Qué maravilla sentarse y escribir «Por una mirada un mundo/ por una sonrisa un cielo/ por un beso…yo no sé/ qué te diera por un beso»

Bécquer en la voz de Juan José Plans narrando alguna de sus leyendas para el programa Historias de Radio Nacional de España. El beso o Los ojos verdes, inquietantes leyendas que hay que leer a la luz de una vela -niños abstenerse- Bécquer como anuncio mismo de la poesía española contemporánea, analizado por Joaquín de Entrambasaguas en un hermoso libro que rescato de la biblioteca parterna: La obra poética de Bécquer en su discriminación creadora y erótica. «Cendal flotante de leve bruma…» recitan los aprendices de bardos en la agonía de todas las primaveras.

¿Estudian los escolares a Bécquer en las aulas como yo lo estudié? ¿Lo leen los profesores de Primaria o Secundaria? ¿Lo sienten como uno de los suyos? Una rima de Bécquer noqueando al reguetón que ya hay quien tirando del hilo es capaz de compararlo con el amor provenzal. ¿Lee Maluma a Bécquer en las noches de soledad mientras la luna acompaña sus ganas locas de perrear?

Descubro un Bécquer desconocido gracias a Joan Estruch Tobella que solo desbarra cuando quiere hacernos ver la misoginia del poeta juzgando a un poeta decimonónico como a un hombre de hoy mismo. Los muchos Bécquer posibles e imposibles. El redactor de El contemporáneo, el comentarista político conservador, el amante febril, el dramaturgo en busca del éxito, el que se retiró al monasterio cisterciense de Veruela, dando forma a Desde mi celda que releo en la edición de Austral impresa en Argentina en 1947. El poeta de las rimas y leyendas recordando la luz infinita de Sevilla, perdido por Madrid, buscando el mar o retratado por su hermano Valeriano, tal como figuraba en los libros de texto de lengua y literatura, aún no presintiendo ese retrato final, ya muerto, que le hiciera Vicente Palmaroli. El Bécquer apócrifo o el mil veces imitado o parodiado. Cada cual cargando su Bécquer. Gigante y extraño, «ángel de la verdadera poesía», tal como lo llamó Antonio Machado.

¡Qué solos se quedan los muertos! ¿verdad, Gustavo Adolfo? ¿Qué playa busca la gigante ola que el viento riza y empuja en el mar? Vuelvo a tus rimas que hoy no leen los adolescentes que prefieren cambiar tu cromo por el de Maluma. Con lo hermoso que era enamorarse leyéndote en aquella adolescencia que perdimos y que volvemos a reencontrar cada vez que acudimos al espejo sonoro de tus versos.

El año pasado murió Bécquer. Lo anuncian los diarios a toda página. Yo le leo al margen de conmemoraciones, porque de su fuente manó siempre la mejor poesía, la que supo trascender más allá de su tiempo.

Dedico este texto a tres becquerianos de Sevilla: María Sanz, Lutgardo García y José María Jurado.