Aute, lienzo de canciones

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Aparece en escena con el porte enjuto y la expresión melancólica. Toma su guitarra y se apresta a dibujar el infinito con las alas del verso encabalgado a la noche. Todavía canta “Al alba” y logra que el auditorio se estremezca. Huye de la artificiosidad y elige la canción como forma suprema de conocerse a sí mismo, de cavilar y de alcanzar la belleza. También pinta, hace cine y escribe poemas. Se trata de Luis Eduardo Aute, viajero exquisito de las palabras, cantautor en la acepción más enriquecida de un término que algunos siguen cargando de prejuicios. Con Serrat y Sabina viene a completar una especie de trinidad de la canción de autor en España. Su discografía revela la fuerza de su personalidad lírica y esa fuerza sobresale ya en los primeros discos, en obras tan redondas como Rito o Espuma que anteceden al periodo más público del artista, en la década de los años ochenta, lejanas ya las reticencias del creador tímido e intimista que rehuía de los escenarios. Este relato comienza en Manila, un 13 de septiembre de 1943, y termina justo cuando Aute se aprestaba a celebrar sus 50 años en el mundo de la música.

Sergio Zeni en Diario Folk ha dicho de Aute, lienzo de canciones: “Cuando uno termina de leer la última página de Aute. Lienzo de canciones confirma algo que ya intuía desde el comienzo. Si había que elegir un escritor para llevar a buen puerto este proyecto, esa decisión debía recaer sin duda sobre Luis García Gil. Quienes hayan disfrutado de los libros que el gaditano le dedicó a la obra de Atahualpa YupanquiJavier RuibalJacques BrelJoan Manuel Serrat o Joan Isaac saben muy bien de qué estamos hablando. 

Luis sabe conducirnos con fluidez, sensibilidad, rigor, calidez e inteligencia por la obra del artista estudiado tomando como eje de su narración las canciones del mismo. Desde allí tiende puentes hacia contextos históricos, culturales, sociales y personales, establece diálogos con otros autores, desmenuza las letras, valora los contenidos sin caer en el elogio fácil, sitúa cada disco en cuestión en el marco de la obra del autor y mantiene vivo el interés del lector capítulo tras capítulo. En el caso que nos ocupa, dado el carácter poliédrico del trabajo de Luis Eduardo Aute, hay también en esta entrega muchas páginas dedicadas a sus pinturas, sus ilustraciones, su cinefilia, sus trabajos de animación y sus libros de poesía (deliciosa aproximación de un poeta a otro).

Nacho Cabanas ha escrito en la revista Tarántula: “Pintor, poeta, músico, cantante, cineasta e incluso fotógrafo y escultor. Son muchas las facetas artísticas cultivadas por Luis Eduardo Aute habiéndose convertido en un nombre relevante en varias de ellas. Si a esto le unimos sus interesantes incursiones en el mundo de la animación (con el largometraje Un perro llamado dolor –2001- a la cabeza) estaremos de acuerdo en afirmar que intentar un acercamiento crítico a su obra es una labor bastante complicada. Una tarea a la que con singular acierto se ha entregado Luis García Gil en su libro Aute, lienzo de canciones (Pagès editors, 464 páginas) donde el autor de Serrat, canción a canción (2004) escoge abordar cronológicamente el devenir artístico de Luis Eduardo centrándose básicamente en el análisis literario y temático de la práctica totalidad de sus canciones (teniendo en cuenta que Aute ha escrito más de cuatrocientas el mérito es indudable) eligiendo interludios donde hablar de cine, boligrafías o pintura. El resultado es ante todo exhaustivo al tiempo que revelador de las constantes temáticas que de manera transversal recorren la obra del habitante de Vailima. El amor, el erotismo, la religión aparecen, se modifican y transforman en el análisis que sobre el pensamiento de Aute se convierte la obra de García Gil”