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Frantz

frantz-loveorhateA Henri Pierre-Roche le gustaría Frantz. También a François Truffaut. Algo del mundo de Jules y Jim, de su estética singular, está presente en esta obra maestra de otro François, en este caso Ozon. Franz supone una lección de cine, un poema filmado donde el blanco y negro dialoga con el color como la vida lo hace con la muerte.

Las devastadoras consecuencias de la guerra, la búsqueda del perdón, el viento entre las hojas, el ruido de los campos de batalla, los versos otoñales de Verlaine, las pinturas  de Manet. Frantz no sólo rescata un determinado paisaje histórico, moral y cultural sino que reafirma a Ozon como uno de los grandes cineastas de nuestro tiempo, por si quedaba alguna duda. Ozon revisa Remordimiento de Lubitsch pero va mucho más allá. Su mirada pacifista a un tiempo de posguerra a través del personaje introspectivo de Anna (excelente Paula Beer) posee la sutileza, el lirismo, la intensidad y también la serenidad de las grandes obras.

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Anna lleva flores a la tumba de su novio, fallecido en el campo de batalla. Todo empieza ahí, en la herida que no se cierra, en la inutilidad de todas las guerras, en la espesura del drama familiar. La aparición del soldado francés que se presenta como amigo del difunto da cuerpo al relato. Se trata de otra víctima del conflicto, alguien que busca amparo, que dice haber conocido al novio de Anna. El conflicto empieza, a varios niveles. Ozon lo filma en un poderoso blanco y negro.

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Observamos a Anna contemplando a Adrien (Pierre Niney) bañándose en el río y nos acordamos de las escenas luminosas y campestres de Jules y Jim y nos acordamos de Henri Serre -tan parecido físicamente a Niney- y de Jeanne Moreau y de Oskar Werner, no tan alejado de Anton Von Lucke que encarna al novio difunto de Anna. Hay como una correspondencia entre un filme y otro aunque Frantz tenga entidad propia y a su modo transite por un paisaje fantasmagórico, el que deja la pérdida y la ausencia motivadas por la guerra.

En los tiempos que corren es más necesaria la lección ética y artística de Frantz, la delicadeza de sus imágenes, la pudorosa manera de contar, de enunciar los sentimientos, de no subrayarlos. Un cine que parece suceder en el pasado como la lluvia del poema de Borges. Obra que define a Ozon, su sensibilidad, su manera de posar el canto y la cámara.