en Ruedo ibérico

De patrias y banderas

¿Qué es una patria? Buena pregunta para comenzar el otoño, para encontrar en las hojas melancólicas que caerán de los árboles una respuesta. Para algunos la patria pudiera ser la infancia o una esquina del tiempo donde fuimos felices o la lengua con la que se dibuja una esperanza o el mar al alcance de la mano o un trozo de tierra palpitante o un puerto donde abrigarse o una literatura que salva y redime. Hay muchas formas de patria y muchas maneras de amar, de entenderse y comprenderse, de construir un país o varios países. Para Brassens la patria eran las realidades palpables, no simbólicas: el amor, la amistad, la familia, el entorno del barrio, los libros, las canciones.

Cada cual saca a pasear las banderas como quiere. Pero los sentimientos, las identidades, tan absolutamente respetables, cuando son obtusas, generan dudas. Rojas y gualdas, águilas imperiales en ruedos taurinos, esteladas al vent, tanto da. Cuando las patrias emergen del ruido y la furia de las redes sociales sólo provocan desconcierto y tristeza. Las patrias pueden terminar generando cansancio, hastío, dependiendo de quien las proclame, de quien las alce con sucias manos.

Piensen en la patria de Rajoy y mas allá en la de Puigdemont y luego háganle un sitio a la patria de Rufián. Y luego échense a llorar con todos los significados de la palabra patria que cada cual esgrime. Y elijan una patria distinta, más íntima, más alejada de la masa, como un poema que escogemos al atardecer y que tiene el poder de alumbrar y deslumbrar. Como el amor petit que se construye en una pequeña habitación, lejos del ruido y la furia de los otros.

Cuando escuché a Rufián espetarle a Rajoy que sacara sus sucias manos de Cataluña pensé en Pere Quart, el inmenso poeta catalán, que afirmaba que el hombre, el poeta de este tiempo sólo tiene un camino claro ante sí: adoptar una actitud honesta. La honestidad está en la obra y en el pensamiento libre de Marsé y Serrat, zarandeados por los constructores de patrias, como en otro tiempo lo fueron por los franquistas con su patria incuestionable y asesina.

La honestidad de un lado y del otro Rajoy, Puigdemont y Rufián, cada uno a su modo, cada uno con su dudoso sentido de la patria.  Por eso esa alusión a que Rajoy saque sus sucias manos de Cataluña por parte de Rufián me pareció deshonesta, como tantas otras intervenciones suyas. Porque también de sacar las manos sucias hablaba un tal Jon Idigoras en tiempos de ensangrentado terrorismo etarra, de tiros en la nuca, de pólvora y extorsión. Es curioso que el espejo de Rufián sea el de Idigoras. Es curioso ciertos espejos donde viene a mirarse cierta gente pretendidamente plural y tolerante para quienes los fascistas son siempre los otros. En todas partes hay caravanas de tristeza, malas gentes apestando la tierra en nombre de unos valores que sólo parecen ser los suyos, que no permiten la más mínima disidencia. Y uno en tales circunstancias debe bajarse de estos trenes en marcha de patrias y banderas no precisamente honestas.

Rufianes y tramposos, derechas o izquierdas enconadas y nada ejemplares. Este es el tiempo que nos ha tocado vivir. La gastada palabra democracia en manos de quienes no respetan que uno pueda salirse del pensamiento único donde las patrias son excluyentes y nada integradoras, como las historias que cada cual crea a su medida, a la medida de esas patrias que como ficciones melancólicas no hacen otra cosa que generar confusión y confrontación.

Lo bonito que sería (seria fantastic) sentirse de un lugar respetando al otro, sin catalanofobia, sin hispanofobia, sin inventarse un pasado, tratando de poner en valor lo mucho que nos une, cruzándose los versos de Antonio Machado con los de Salvat Papasseit, los cantes de Poveda con los de Camarón, la música de Falla con el jazz de  Tete Montoliu o Mortal y rosa de Umbral con  El cuaderno gris de Josep Pla.

Votar para ser libres, para salir del yugo del represor Estado. Eso argumentan. Libertad, otra palabra gastada con la que los políticos de uno y otro signo se llenan la boca para luego traicionarla, reventarla.  ¿Qué es la libertad? ¿La que entienden los que  dicen amar la constitución y desprecian Cataluña y su lengua y cultura o la de quienes llaman traidor a quienes no se amoldan a su doctrina separatista? Más preguntas sobre la luz de este otoño recién nacido.

La verdadera libertad reza en este verso indomable de Joan Manuel Serrat: “Prefiero los caminos a las fronteras”.  Y lo cantó en 1983 en su disco Cada loco con su tema. Ser de ningún lugar y de todos. “No me siento extranjero en ningún lugar”. Esto lo cantó cuando moría el año 1971, canción Vagabundear, disco Mediterráneo. Puede que ahí, en estos versos radique también cierta esencia de la libertad, desde luego no en Rufián ni en Puigdemont ni en Rajoy. Y no en las patrias obtusas y confusas que no admiten que nadie las cuestione. Llámense estas España o Cataluña.

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