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Marie Dubois

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Al enterarme de la muerte de la actriz Marie Dubois me acordé de su presencia en Jules y Jim de Truffaut, antesala de la aparición en escena de la fascinante Catherine a la que daba vida Jeanne Moreau. La secuencia mínima de Marie Dubois emulando una locomotora de vapor ya la sitúa en la eternidad del firmamento cinematográfico. La parca no puede derribar estos instantes de plenitud, de gozo, de intensidad. La libertad habitaba en esa escena, la libertad en forma de humo amoroso, de corriente infinita de deseo con la que filmaba François Truffaut.

Marie Dubois se llamaba en realidad Claudine Huzé y ya fue musa de Truffaut en Tirez sur le pianiste, cruce de Queneau con la novela negra de David Goodis. Su personaje en aquella película -la segunda del cineasta parisino- se llamaba Léna y moría al final, víctima de una bala perdida y de la fatalidad de todo filme noir que se precie de serlo. Truffaut veía a Marie Dubois como una chica apasionada, púdica y tierna. Cuando el rodaje de Tirez sur le pianiste tocaba a su fin cuentan que Truffaut le preparó una fiesta por su veintitrés cumpleaños con champán y pasteles inundando el plató. Es muy probable que Marie Dubois se acordara de ese instante de luz de su vida antes de emprender viaje y pensara en Truffaut y en la novela de Audiberti que le dio nombre artístico y en quien fue su marido Serge Rousseau con quien el cineasta parisino tanto quisiera.

Mientras algunos siguen llorando la muerte del perro Excalibur yo pienso melancólicamente en Marie Dubois y en esa parte de su vida que la ligaba a Truffaut. Y la recuerdo haciendo la locomotora mientras suena eternamente la música de Georges Delerue. Son cosas quizá que carezcan de importancia mientras el otoño va tomando posesión, adueñándose del tiempo, y mientras yo imagino a Marie Dubois como parte de una novela de Patrick Modiano -flamante Nobel- o paseando del brazo de Aznavour por la calle de la Soledad Antigua de Cádiz mientras Gonzalo García Pelayo filma la secuencia.

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